Defensa ecológica de un árbol rebelde

Defensa ecológica de un árbol rebelde

Por:
Fernando Escobar Giraldo

(De su libro: Retazos de Vida y Esperanza)

Todos en el mundo se sublevan.

Las hembras, los varones, los aristócratas,

los obreros, los empresarios, los canallas.

Todos.

Desde Hiroshima hasta Manhattan,

desde Paris hasta Cienfuegos.

los ciegos y los que ven,

los sordos, los indiscretos, los gobernados,

los intelectuales y los analfabetas,

los calvos, los tiranos y los oprimidos.

Es el caos contemporáneo.

Todos en el mundo se sublevan.

Protestan por lo bueno y por lo malo,

por lo blanco y por lo negro,

por los campos áridos sin riego,

por las mutaciones territoriales,

por el dominio en Oriente,

por los derechos alienados,

por las ballenas matadas,

por el incienso apagado,

por los altares ultrajados,

por las letrinas enlodadas.

Se sublevan hasta los perros y los gatos

y el tigre del circo,

y los loros y el cuaderno de tareas.

Todos en el mundo se sublevan.

Pero tú árbol de la ciénaga…

¿arista tienes?

¿ qué quieres? ¿ qué pretendes? ¿ qué gritas?

Todos en el mundo se sublevan.

Pero tu árbol no hablas, ni ves, ni entiendes.

-Claro que si-, contesta el árbol.

¿Acaso no sientes el vaivén de mis hojas?

el viento, mi aliado, me ayuda a llorar.

Y… ¿ no ves las lágrimas en mi corteza

cuando cae la mano del leñador?

Lo veo todo…

al mundo sublevado que pisa mis raíces

y…energúmeno, sube a mis ramas

y las mece y las estremece,

y se pega como rémora y me desgueza.

Pero no más… me declaro en rebeldía.

Todos en el mundo se sublevan

y también yo.

No más frutos, no más folres,

no mas colores para dornar,

no más aromas,

no más ramas para poemas

ni modelajes para pintores.

Convocaré a mis cómplices…

al viento, al invierno, al huracán.

La sabia no marchará por entre mis venas,

ni siquiera los pájaros se posarán.

No moriré más en navidad.

Reuniré a todos mis hermanos,

cedros, robles, ceibas y platanales,

rosas, lirios, gladiolos y girasoles,

algas, pencas, malezas y bejucos.

Inundaremos la ciénaga y las praderas,

secaremos los montes y las selvas,

envileceremos a los jardines.

No más talas ni quemas.

Pero todos en el mundo se sublevan

contra el árbol de la ciénaga,

el sol le da su luz,

el hombre lo fertiliza,

una mano amiga lo acaricia,

uas nubes lo bañan

y el viento lo arrulla.

Y… vuelve y juega,

el árbol de la ciénaga crece y crece,

como los demás,

su rebeldía no da para más.

German Posada