“Colombia es mi tierra”: Julio Cesar Luna

“Colombia es mi tierra”: Julio Cesar Luna

Julio Cesar Luna Valotta nació con vocación de actor y figura de galán. Llegó a Colombia y el universo femenino se rindió a sus pies. Era muy joven pero aún las señoras de edad le declaraban públicamente su amor. Entonces algún locutor radial habló de él como EL NOVIO DE COLOMBIA  y así se quedó por décadas.  Sin proponérselo Julio César Luna se convirtió en el prototipo del galán para obras televisadas. El, tenía otros intereses, quería papeles con versatilidad histriónica, historias atrevidas personajes de carácter, opciones que le permitieran escapar del eterno enamorado. Desafortunadamente hasta su nombre era una trampa: Julio César fue un general romano -de la estirpe del gran Cayo Mario- gobernó con todos los poderes y dejó huella de seductor, su presencia fue tan importante que le dio nombre a un mes del calendario. Y qué decir del apellido: Luna, el único satélite natural de la tierra, un cuerpo celeste que refleja la luz del sol. Utilizado por los poetas en sus declaraciones de amor…

…Lo que muchos no saben es que Julio es un tremendo amigo, leal como pocos, sincero y generoso. Tiene fama de valiente porque dice verdades sin temor a las consecuencias. Defiende su gremio abiertamente y reconoce que su franqueza le ha generado algunos vetos. También sabe que tiene mucha gente que lo quiere, lo sigue y lo respeta como quedó demostrado en el homenaje que le hizo El Círculo Colombiano de Artistas en Septiembre de 2019.

Su fama de galán murió en los dramatizados pero sigue vigente en la vida real gracias a Liliana Fajardo, su joven y bonita esposa quien llegó a su vida cuando ya era un DIRECTOR RECONOCIDO que había logrado escapar de los piropos femeninos escondiéndose tras las cámaras. Es verdad que ya no sería más EL NOVIO DE COLOMBIA pero la vida le tenía destinada una ironía: su gran triunfo en la dirección de PERO SIGO SIENDO EL REY como si el título le enrostrara su destino: naciste para ser galán… y terminaste siendo el rey.

(Biopic sobre Julio Cesar Luna Valotta, escrito por
Martha Bossio como parte de un libro en proceso acerca de la historia de la televisión colombiana).

Por: Germán Posada

G.P.: ¿De qué parte de Argentina es Julio Cesar Luna?

J.C.L: Yo nací en Córdoba Argentina pero me crié en Buenos Aires. Mi papá trabajaba allá, era abogado, administrador de estancias, de latifundios y cuando tenía cuatro años nos trasladamos a Buenos Aires.

G.P.: ¿En Argentina alcanzó a hacer actuación?

J.C.L: Si claro. Yo actuaba en el colegio Pio IX de la Congregación San Carlos de los Salesianos. Allí comencé a actuar en lo que llamamos comedias blancas.  Mi primer papel fue la virgen María. Tenía carita de niña (jajaja).

 ¿Algo le decía que en su vida iría a estar rodeado de cámaras?

J.C.L: Yo siempre tuve vocación para la actuación. A mí me encantaba actuar. Yo no quería hacer otra cosa que esto. Lo tenía muy claro desde los 14 que comencé a trabajar en las comedias en el colegio. Y ya después de los 17 que empecé a estudiar el método Stanislavsky y me di cuenta que si era lo mío. Por eso me fui a Chile al TEUS (Teatro de Ensayo de la Universidad de Chile) y ahí conocí a varios maestros que me dieron clases importantes sobre el método Stanislavsky. Luego se fundó una compañía de teatro y llegué a Colombia en 1967 a eso de los 20 años. Habíamos estado haciendo un recorrido por varios países de América Latina.

Volví en el 1969 a Argentina. Acá se murió mi primera novia en un accidente y me fui a Argentina y no quería volver. Luego me volvieron a llamar un año después Fernando Gómez Agudelo y Bernardo Romero Pereiro de RTI para protagonizar una telenovela en donde hacía dos papeles que eran dos gemelos. Se llamaba “Dos rostros y una vida”. La oferta era muy atractiva tanto en la parte de la caracterización y como en lo  económico. Así empezó mi carrera fuerte en Colombia.   

G.P.: ¿Cómo resultó en Colombia?

J.C.L: En la Compañía que habíamos creado éramos todos muchachos. El mayor era el director y tenía 23 años. Teníamos muchas ambiciones de hacer teatro. Pasamos por América Latina pero luego unos se regresaron a Argentina, Tito Ferreiro considerado uno de los grandes actores argentinos y yo nos quedamos, pero él decidió irse a Estados Unidos.

A mí me recibieron muy bien en Colombia, con una hospitalidad grandiosa. Los padres de Bernardo Romero Pereiro, Bernardo Romero Lozano yAnuncia Pereiro,  reconocida como Carmen de Lugo, su nombre artístico, me recibieron como un hijo. Su hijo Bernardo estudiaba en Italia para la época.

Asombrosamente se me pasó el asma y hasta pude intentar jugar fútbol. Hasta jugué en el  equipo de estrellas de la televisión con el Gordo Benjumea, Hernán Castrillón y yo lo fundamos haciendo obras benéficas por todo el país con Pacheco. Aprendí a bailar, tuve novia. Todo lo que no hice de niño y adolescente en Argentina lo hice acá.    

G.P.: ¿Cuál fue su debut en el mundo de la actuación en Colombia?

J.C.L: Primero fue en el teatro con el Maestro Bernardo Romero Lozano quién fundó una compañía que se llamaba “Los 13”,  y yo era uno de los trece. Hacíamos muchas comedias en el Teatro Colón. Hicimos “Aprobado en Castidad”, “Vamos a contar mentiras” de Alfonso Paso, “Cándida” de Bernard Shaw, etc.

Luego al maestro le dieron un teatro para hacer televisión, fue uno de los primeros estudios. Ahí se ocupaban prácticamente todos los estudios de Inravisión. Todo se hacía al aire. Se ensayaba mucho como una obra de teatro, por lo menos un mes. Las cosas salían muy bien, prácticamente perfectas.

En televisión lo primero que hice fue Romeo y Julieta.    

G.P.: ¿Las facilidades de la tecnología de alguna manera le mermó el voltaje a la creatividad de antes con respecto a la actuación?

J.C.L: Si por supuesto ha cambiado mucho. Los contenidos ya no son los mismos. Ya no hay la misma disciplina, el estudio, no hay dedicación, creatividad. Ya es otra cosa. Obvio, hay más tecnología. En aquella época nosotros suplíamos la tecnología con creatividad.

Todo lo que se está haciendo a través de la televisión es espantoso. Nosotros tuvimos un resurgir de la televisión del año 82 al 95. Hicimos buena televisión. Como olvidar por ejemplo “El cuento del domingo” ó “Revivamos nuestra Historia”.

Había dos teatros para televisión. El Teatro Popular Caracol y El Teatro Universal que yo dirigía. Hacíamos adaptaciones de autores latinoamericanos. Algunas fueron “Gracias por el Fuego” de Mario Benedetti por David Stivel. “La Pezuña del Diablo”, “Gallito Ramírez” de David Sánchez Juliao, “La Potra Zaina” Bernardo Romero. De Juan José Hoyos “Tuyo es mi Corazón”. Éramos muy cuidadosos con el respeto que teníamos hacia los libros.

Estas producciones empezaron a marcar una ruta de venta y a abrirle paso a los éxitos como “Café, con aroma de mujer” y “Betty la fea”.  

Si nosotros ofrecíamos calidad y vendíamos con calidad tenían que haber seguido con esa línea. Pero las productoras empezaron a verla fácil con las “narconovelas” y no les importó nuestra imagen en el exterior. Un Ministro de Comunicaciones, creo de apellido Ramírez, se atrevió a llamarlos “mercachifles”. Y hablo de Caracol y RCN principalmente los principales exponentes de este desatino de hacer “narconovelas” una tras otra. Hoy este producto ya está agotado porque otros países hacen lo mismo.

G.P.: Ha sido locutor comercial y con su voz tranquilamente pudo haber incursionado en el mundo de la radio. ¿Tuvo ofertas al respecto?

J.C.L: La verdad no le paré bolas, veía que la radio no era lo mío. No le encontraba formas de expresión hasta que más adelante me di cuenta que sí. En su momento le dije NO a muchas grabaciones comerciales pero aprendí que hay otras formas de hacer radio y locuciones que podían involucrar la actuación.

Tuve ofertas en Caracol y en Todelar hice un programa de entrevistas y de música un tiempo pero me aburrí realmente.

En Avianca, a través de los textos que interpretaba le daba tranquilidad a la gente. Estuve allí por 12 años. Fui voz institucional de esta empresa, era el responsable de  todas las cuñas de Avianca. 

Julio Cesar Luna Valotta.

  

G.P.: ¿Cómo recuerda su primera experiencia como director?

J.C.L: Fue en el Teatro Universal. Una programadora que ya desapareció que se llamaba RRTV de Sergio Restrepo. Le habían dado el Teatro Universal. Tenía unos cuatro programas. Hacíamos cerca de 120 obras teatrales para televisión. Aprendimos mucho todos. Pasaron todos los autores que usted quiera por ahí.

Empecé a dirigir. Uno como actor sabe que le hace falta a un actor y así me incliné en esta profesión. Luego en el teatro Universal con una adaptación de Albert Camus  de “El Extranjero”, ganamos el premio “Ondas de España” al mejor Director Latinoamericano, esto fue en 1981 si mal no recuerdo.

Luego hicimos “El Hombre Elefante”, una obra fabulosa con Victor Mallarino“Amadeus” en el Teatro Colón, con Gustavo Angarita y Luis Fernando Ardila, todo esto fue maravilloso y difícil de superar.

Con la obra de “El hombre elefante”, de Bernard Pomerance,  invite a la embajada americana a ver la obra y ellos me dieron una beca para estudiar Dirección y Producción en USA con la televisión pública de este país.

Le cuento que mi hijo Angelo también estudia actuación en Estados Unidos. Hace tres años está radicado en la ciudad de Los Angeles.  

G.P.: ¿Definitivamente que le gusta más, estar detrás o al frente de la cámara?

J.C.L: A las dos les saco provecho. Para mi es menos riesgoso ser actor porque uno se preocupa de lo de uno y listo. Obviamente hacer un papel lleva un montón de trabajo si se quiere hacer algo bien profesional. Ser director es mucho más complicado, es la responsabilidad de dirigir el trabajo de muchas personas no solamente los actores.

En mi época de director no solamente dirigía, también editaba, musicalizaba, ensayaba, hoy en día ya no es así. Nosotros fuimos directores integrales. Sabíamos hacia donde nos dirigíamos. Estudiábamos.

Era inmensa la calidad de aquellos años, de tantas comedias muy buenas que se hacían        

G.P.: Usted con su Fundación ha ayudado a niños y además ha escrito un libro para ellos. “El Principe Googly y el Ratoncito Patín” ¿Qué tanto descubre Julio Cesar Luna en el universo de los niños?

J.C.L: Es una maravilla. Me encanta trabajar y ayudarles a los niños con dificultades como le llamo yo. Para esto hicimos 13 montajes en el Teatro La Castellana durante 13 años. Todo esto gracias a un grupo de gente que me ayudó muchísimo. De los 50 niños que teníamos eran 35 en silla de ruedas y 15 con aparatos. Con el tiempo las condiciones físicas de los niños cambiaban. Durante estos 13 años pasaron cerca de 250 niños y se beneficiaron con el programa de lúdica teatral como medio terapéutico. Niños que no hablaban, que no los sacaban de sus casas porque sus propios padres se avergonzaban de ellos. Todos estos niños hicieron cosas maravillosas.

Esto puedo decir que ha sido lo mejor que yo he hecho en mi vida. Nada de que “El Hombre Elefante”, “Amadeus”, nada de esto, lo que he hecho con esos niños ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.

El año pasado se terminó. Se estaba viniendo el techo abajo. Los niños permanecían ahí los fines de semana para los ensayos y tuve miedo de alguna catástrofe. El arreglo de la casa costaba unos 50 millones de pesos, yo no los tenía, hice todo lo posible para conseguirlos pero no pude.

Por allá pasó Lina María, la esposa del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, en el último año de su mandato. Vino y lloró viendo un ensayo, me prometió hacerle saber de nuestras dificultades al Ministro de Desarrollo del momento y hasta el día de hoy estoy esperando su ayuda a mi Fundación. Mientras están emocionados hay promesas pero después a la gente se le olvida.

Primero se la cedí a mi amigo Herbert King, el tenía un programa de streamming, con aparatos y la idea era que hiciera una obra social con adultos discapacitados en informática. No funcionó. Entregamos la casa.  Me hace una falta enorme. Lo que pediría al gobierno es que me dé una casa y fondos para mantenerla. Yo no quiero un centavo para mí. Era una labor muy grande el mantenimiento de estos niños y se necesita dinero. Nos ayudaron pintores con sus obras que subastábamos, Chefs famosos con sus comidas, actores como Marcela Carvajal, Luis Eduardo Arango, El Flaco Solórzano, que ofrecían presentaciones. El padre Daniel Saldarriaga que administraba el Banco de Alimentos, un hombre muy solidario que debería por lo menos ganar la Cruz de Boyacá.

Lamentablemente muchos están dedicados más a ver como roban y las cosas buenas muy poco son valoradas.

G.P.: Mencionar todos los premios que se ha ganado en el transcurso de su carrera tal vez sería largo pero hay uno que usted considera es el más especial en su vida. ¿Nos lo cuenta?

J.C.L: En la penúltima función en noviembre de 2017 presentábamos una obra que se llamaba “Entre Angeles”. Los niños estaban vestidos como ángeles y se movían en sus sillas de ruedas. Teníamos gente vestida de negro con una cámara negra atrás y no se veían. Fue algo muy bello.

A mi lado recuerdo que estaba el pintor Germán Tessarolo  y del otro Marcela Carvajal y María Cecilia Botero. El teatro estaba lleno con 800 personas. Terminó la función y yo estaba con un nudo en la garganta, no podía llorar, tenía que salir a saludar y subí al escenario. Los niños se quedaron sobre el escenario. Estaba hablando dirigiéndome al público y de repente se acercó Yesica en su silla de ruedas. Una mona de 9 años, muy linda que había recibido una bala perdida en la espina dorsal y quedó paralítica. Me dijo: ¿Julito me permites hablar? y le pasé el micrófono. Luego ella se dirigió al público diciendo: “Señores, señoras, papás, mamás, no podemos caminar pero Julio y su gente nos están enseñando a volar”. Fue un momento angustioso que duró como 3 minutos el teatro se vino abajo aplaudiendo, me acuerdo y me dan ganas de llorar todavía.

Fue una puñalada al corazón. Ese ha sido el premio más grande que yo he recibido en mi vida. Las palabras de esa niña. 

Yo he cantado tango. Con la venta de estos cds me sostuve mucho tiempo para ayudar a los niños de la Fundación Avianca y Arena Bogotá, entre otras los compraron, buenas personas también. A los niños no les faltaba afecto. Un plato de comida. Sus regalos de navidad. De cumpleaños. El día del niño. Me hace falta eso y me indigna que no pueda hacerlo. Es una lástima que estos gobiernos sean tan ciegos y que no vean formas de ayudar a estos niños.    

G.P.: Algunos en la lista que usted ha escogido como hermanos son Moisés Angulo, Bruno Díaz, Herbert King y Carlos Campuzano. ¿Por qué estas personas tuvieron ese privilegio?

J.C.L: Herbert King falleció y es mi hermano. Carlos Campuzano está vivo gracias a Dios, tengo otros hermanos. Ya no soy tan amigo de Moisés Angulo ni de Bruno Díaz, hubo circunstancias en el medio y  ya no son hermanos. Son amigos lejanos.

Son varios, Mi Gran amigo El Gordo Benjumea, Rodrigo Beltrán, El Doctor Andrés Mantilla, quién me salvó la vida de un principio de infarto que tuve y otros grandes amigos que no los veo con la frecuencia que quisiera. Viajar de Chía a Bogotá a veces se complica un poco.

El día que la gente del CICA me hizo el homenaje pude darme cuenta que no sabía que tenía tantos amigos, de verdad, y sobre todo entre todos los actores. La cantidad de actores que asistieron y el homenaje tan lindo que me hicieron, las palabras que me dijeron, fue muy emocionante. Ahí me di cuenta que la gente me quiere y que a pesar de ser yo tan directo y tan francote y que a veces digo las cosas como brutalmente, la gente me valora y me aprecia.      

G.P.: Frank Sinatra y Marilyn Monroe son sus ídolos de toda la vida. ¿Cómo los describe a cada uno de ellos?

J.C.L: Elvis Presley también. Eran las figuras de la época de mi juventud. Grandiosos. Ellos perduran en el tiempo. No se han muerto. Están ahí. Marilyn era divina y a pesar de que la querían encasillar en la rubia tonta era una actriz muy buena. También estudio el método de Estanislavsky. Mi afán era estudiar ese método era porque todos los grandes de mi época lo hicieron. También están en la lista Los Beatles y  Los Rolling Stones. Era un apasionado del rock autentico, de los años sesenta y setenta y  mediados de los ochenta.

G.P.: Sé que le gusta el fútbol. ¿Por quién hace fuerza cuando juegan Colombia y Argentina?

J.C.L: Por Colombia, no lo dudes. Esta es mi tierra. Yo no soy chovinista ni mucho menos. Acá me hice, aquí nací, volví a vivir, mis hijos, mi esposa, mi carrera, todos mis afectos, mis amigos están aquí Yo sé más sobre Pacho Maturana que Escaloni o Maradona. En el famoso 5-0 grité los 5 goles de Colombia.

Mi hijo Nicolás de 16 años es un crack. Estoy seguro que muy pronto lo veremos como profesional.

G.P.: ¿Qué estatura tiene? ¿Con su estatura tuvo alguna vez interés de ser basquetbolista?

J.C.L: 1.93 m. Si me lo dijeron y jugué pero no podía por el asma. Tampoco podía jugar fútbol que me siempre me ha encantado. No tuve infancia ni adolescencia prácticamente. Cuando llegué a Colombia se me pasó el asma, fue un milagro y ahí realmente empezó mi vida.

G.P.: ¿Cómo se sintió siendo el presentador del libro de Armando Caicedo ‘El Niño que me perdonó la vida’?

J.C.L: Muy bien. Armando Caicedo es otro de mis grandes amigos. El es un gran escritor. Gran ser humano a quién quiero mucho y sobre todo admiro mucho. Su libro es extraordinario y no solamente me lo leí si no que hice comentarios. Le dije que algún día yo pudiera adaptar una de sus obras para el cine o la televisión.     

G.P.: ¿Sé que son muchas sus actuaciones pero hay una que usted la considere la mejor, inolvidable?

J.C.L: Por supuesto las primeras son las más dicientes. Es donde uno se está probando de alguna manera. Yo tenía 21 años cuando hicimos “Aquí también moja la lluvia” una obra de Bernardo Romero Pereiro, dirigida por el Maestro Bernardo Romero Lozano, con Enrique Pontón, Rebeca López, Mario Sastre, yo era el pelao del paseo y con esa obra inauguramos el Teatro Fundadores en Manizales. Recuerdo que finalizando un monólogo muy emotivo recibí un aplauso cerrado del público que me dejó mudo. Yo tenía que hacer otra escena con otros actores y no podía creerlo. Esto fue inolvidable.

“Un largo camino” con Ronald Ayazo, fue un éxito, yo moría en el último capítulo y la gente empezó a llamar a RTI, Inravisión, porque me habían matado, se armó todo un escándalo. (Jajaja).

Otros como Arsenio Lupin, Drácula, en fin, son muchos.

G.P.: ¿Usted como argentino inmigrante en Colombia qué sentimiento le produce el haber triunfado, ser reconocido y haberle aportado y seguirle aportando tanto al desarrollo a las artes escénicas en nuestro país?

J.C.L: Bueno, primero que todo a mí nunca me hicieron sentir como inmigrante. En serio. Sobre todo en esa época. Hoy es distinto y la gente como que ha cambiado un poco. No digo que sean peores o mejores. Me parece que la gente se ha vuelto más prevenida quizás. Pero le juro que nunca me sentí extranjero. De pronto a alguien le daba por ahí por relucir mi nacionalidad o quería insultarme con esto pero eso era como un grano de arena en el desierto, pero no era importante ni relevante.

A mí me recibió muy bien la gente y me han tenido gran afecto.

G.P.: Recientemente fue víctima de un ataque que conmocionó al país. ¿Nos cuenta cuales fueron los motivos?

J.C.L: Todo esto está en investigación. En realidad no es que pueda hablar mucho al respecto pero es muy simple. Me pararon en un semáforo dos motos me cercaron por lado y lado y agarraron a tirarme piedras al panorámico de mi carro. Una de las piedras me pegó en la frente y el hematoma bajo a uno de mis ojos. Fue impresionante. Menos mal el golpe no fue directamente en mi ojo.

Yo pensé que me iban a robar o que me iban a matar. Pero lo que hacían era lanzar insultos y consignas alusivas a mis comentarios sobre las narconovelas. ¿Quien fue? ¿Quién los mandó? ¿De dónde proviene? No se sabe. No creo que sean los canales por supuesto. Sé que esta gente no va a utilizar esa clase de artimañas.

Recientemente fue homenajeado por el CICA a su carrera. Un homenaje más a su carrera  ¿Qué palabras tiene por este reconocimiento?

J.C.L: El día que la gente del CICA  me hizo el homenaje pude darme cuenta que no sabía que tenía tantos amigos, de verdad, y sobre todo entre todos los actores. La cantidad de actores que asistieron y el homenaje tan lindo que me hicieron, las palabras que me dijeron, fue muy emocionante. Ahí me di cuenta que la gente me quiere y que a pesar de ser yo tan directo y tan francote y que a veces digo las cosas como brutalmente, la gente me valora y me aprecia. 

G.P.: Leí en alguna entrevista suya que usted dijo que cuando muera le gustaría que inscribieran en su lápida esta frase Pueden hacer ruido…tengo el sueño pesado.”  ¿Por qué esta frase?

J.C.L: (Jajaja). Es una frase en broma, por “mamar gallo”. Alguna vez leí que el comediante Groucho Marx había puesto en su tumba una frase parecida con una intención cómica. El escribió: “Perdonen si no me levanto” (jajaja). Entonces a mí se me ocurrió algo parecido pero no con tanto humor como él.

G.P.: Muy amable.

J.C.L: A ti muchas gracias. Quiero añadir que hoy estoy finalmente casado, llevo 20 años de casado. Por fin encontré la felicidad. Tengo dos hijos hermosos que amo con toda mi alma. Una esposa genial, Liliana Fajardo, con quién me siento muy bien acompañado en mis últimos veinte años. Esto me parece más que gratificante y que la vida me ha dado mucho. 

German Posada