CAFLA el sueño de Cecilia Escamilla

CAFLA el sueño de Cecilia Escamilla

Por German Posada

 

Cecilia Escamilla es una profesional titulada en Derecho Penal y originaria de El Salvador en donde ejerció su profesión por espacio de 2 años. Llegó a Montreal en el año 1984 y su trabajo en esta ciudad se ha basado en el desarrollo de proyectos comunitarios desde hace 25 años. Actualmente CAFLA (Centro de Ayuda a Familias Latinoamericanas) del cual Cecilia Escamilla es su fundadora celebra sus diez años de existencia. Esta es su historia.

“Para la época de los ochenta en plena guerra civil la situación en mi país era muy peligrosa”, explica la abogada, al decir que ejercer su profesión no era nada fácil. En ese entonces trabajaba en un hospital en donde entraban guerrilleros heridos y si bien su trabajo era administrativo también se desempeñaba en lo jurídico y esto tenía sus riesgos, esta situación originó que junto a su novio decidieran salir de su país natal para venirse a vivir a Montreal.

Cecilia Escamilla
Cecilia Escamilla

“Mi novio decidió salir del país por la misma situación, antes de venirse a Montreal nos casamos y luego yo viajé. En un principio no me gustó, era una ciudad fría no solamente el clima si no las personas. Llegué con una bebé de dos meses en pleno otoño y desde que venía en el carro todo me parecía feo. Sentí que habían menos flores que en nuestros países, recuerdo que no veía nada bonito. En realidad para esa época no me gusto nada”.

Al principio, Cecilia y su familia no fueron la excepción a los cambios bruscos de la inmigración. En Montreal no pudo entrar en la Orden de Abogados de la Provincia de Quebec.

“Fue un proceso muy duro vivía en un apartamento pequeño y pasaba la mayor parte del tiempo encerrada y no teníamos los recursos suficientes para pagar una guardería para mi niña y así pase dos años en ese encierro”, recuerda.

Luego la situación comenzó a cambiar un poco y pudo comenzar a estudiar francés. Un profesor le sugirió estudiar una carrera conexa a su profesión y haciéndole caso hizo la aplicación para estudiar una técnica en estudios jurídicos la cual estudió en inglés idioma que había aprendido estando en El Salvador. Después de tres años de estudio entró a trabajar en el Palacio de Justicia de Montreal por un buen tiempo pero sentía que esto no era lo suyo resolviendo así hacer un voluntariado en un Organismo Comunitario (CRAC) lo cual le fascinó. Así trabajó por espacio de seis años en el CRAC en el espacio jurídico y aunque era de todo su gusto no trabajaba tiempo completo por lo cual decidió  ir a otro Centro Comunitario en donde laboró  por espacio de seis años también.

En los años 90 todavía costaba integrarse completamente a la ciudad de Montreal, razón por la cual Cecilia Escamilla junto a su esposo y sus hijas deciden regresar a su país. La guerra civil en El Salvador había terminado y cuando estaban viviendo más tranquilos, llega algo inesperado en sus vidas que los hace reflexionar en su futuro.

“Durante nuestra estadía lamentablemente un día unos criminales intentaron secuestrar a una de nuestras hijas pero no lograron su objetivo, ese mismo día tomamos nuestros pasaportes y decidimos  regresarnos a Montreal a comenzar desde cero”, recuerda Cecilia, mientras sus ojos brillan.

Durante su permanencia en El Salvador nació su hijo menor de quien de nuevo instalados en Montreal no quiso separarse un solo instante de él, de esta forma toma la iniciativa de hacer un curso que le permitiría poder trabajar por espacio de cuatro años en la guardería en donde estaba su hijo.

De nuevo en la ciudad volvió a trabajar en el CRAC pero su sueño de hacer realidad Cafla era algo que no se apartaba de su mente. Era un sueño bastante lejano que Cecilia tenía desde hacía muchos años y la triste escena del asesinato de uno de sus hermanos en El Salvador  fue la cuota final para decidirse a lanzarse en esta aventura.

“Viviendo en El Salvador  un grupo de pandilleros, prácticamente unos niños, asesinaron mi hermano menor cuando tenía 19 años. Ante una situación como esta uno siente impotencia y esto fue muy duro. Las reacciones en un principio por parte de mis seres queridos eran de venganza pero yo sentía que ese no era el camino y fue así como en Montreal y de nuevo trabajando en CRAC decidí crear cafla en este lugar(CRAC) tratábamos muchos casos de violencia juvenil y comencé a reflexionar al respecto, me parecía algo increíble de estar viviendo la misma situación como en mi propio país y pensé que en lugar de juzgar a estos muchachos lo ideal era ayudarles a no ser violentos”, comenta.

Sin local, pero muy convencida de su proyecto, comenzó en el garaje de su casa elaborando programas sociales. La gente comenzó a conocerla y le pedían ayuda de muchas cosas. Sus conocimientos en lo jurídico le servía para colaborarle a la gente y así pudo enterarse de ciertas injusticias y estafas que cometían inclusive abogados por diligenciar documentos de inmigración.

Una abogada amiga le sugirió hacer solicitudes para tener un local  y de manera incisiva empezó a pedir citas con la administración del sector en donde residía. A través de una primera actividad realizada en el barrio chino de Montreal conoció a uno de los representantes de la alcaldía de la época, quien al ver el entusiasmo y trabajo de Cecilia le colaboró con la obtención de un local y así comenzó a reclutar personal. En un principio llegaron a reunir unas 22 personas de las cuales una de ellas continúa activa en el centro comunitario. Actualmente a Cafla lo conforman 7 personas asalariadas, 2 a tiempo parcial, 9 miembros del consejo de administración y unos 55 voluntarios y sus instalaciones están ubicadas  en el sector conocido como -Petite Rosemont- que se caracteriza por ser muy latino.

Según Cecilia cuando Cafla fue fundado se hizo enfocado al servicio de los inmigrantes latinos pero siempre han estado abiertos a cualquier otra nacionalidad. Además por ley es su obligación hacerlo.

Para Cecilia es muy gratificante el haber logrado ser un punto de referencia para un gran número de familias latinas en Montreal y le produce una gran satisfacción el saber que de Cafla se escucha inclusive fuera de Montreal, sin embargo lamenta al mismo tiempo la indiferencia de algunos miembros de la comunidad ante la realidad que viven. Para ella, dar una imagen de éxito al ciento por ciento por el hecho de llegar con diplomas o títulos bajo el brazo y vivir una realidad ficticia no es sano, no es bueno.

“Una cosa es que tú tengas sueños y otra cosa es que tú quieras hacer aparentar a los demás alguien que no eres. Esto es salirse del contexto, pretender hacer creer a los demás de vivir como lo hacías en tu país cuando la realidad es otra es decepcionante. No quiero decir que no seamos optimistas pero debemos entender la realidad social de esta ciudad a la cual llegamos que no es del todo el paraíso como muchos quieren presentarla”, opina.

Los primeros años con Cafla fueron muy difíciles y Cecilia llegó a tener problemas familiares. Su compromiso y responsabilidad con el organismo era tal que estaba dejando a su familia en un segundo plano.

“Decididamente comencé a cambiar mi actitud y a ordenar mas mis cosas al darme cuenta que tenía que cumplir con el papel que me correspondía en mi propio hogar para poder ayudar y aconsejar a otros y felizmente esto me dio muy buenos resultados”, comenta Cecilia al reconocer que sola no hubiera podido y que gracias a Dios, al apoyo incondicional de su esposo y al sostén de su familia, Cafla sigue viva.

Después de diez años de haberse fundado Cafla su balance es muy positivo. En sus inicios comenzó con un plan estratégico a desarrollar en sus primeros cinco años y se logro un 50% luego se hizo un plan del 2010 al 2015 y según su fundadora todo marcha sobre ruedas, todo va muy bien, claro está sin dejar de lado ciertas excepciones.

“Las finanzas no dejan de ser un contratiempo para un Organismo Comunitario pero también tenemos gratificaciones dentro de nuestro grupo que nos hacen crecer como personas. El trabajo en equipo ha sido clave para el éxito de nuestros objetivos. Gracias a Dios hemos recibido muchos reconocimientos y los agradezco pero aparte de levantarme mi ego no me hacen nada más. Financieramente no nos han ayudado en nuestro organismo  ni a desarrollar ningún programa. Nos ha tocado hacer hasta milagros que nadie se imagina para sacar proyectos adelante”.

Definitivamente el talón de Aquiles para un organismo comunitario es lograr alcanzar su estabilidad financiera y esta es una realidad de la cual no es ajena Cafla, un importante objetivo para Cecilia Escamilla es tener su propio local. Desde sus inicios han logrado instalar sucursales en tres escuelas pero tener su propio espacio físico en donde puedan atender a su gente, dice Cecilia,  sería otra estrategia completamente distinta que traería quiza mejores resultados.

Cecilia quiere dejar muy en claro de sacarse esa idea de la cabeza que no se piense que los organismos comunitarios son una mina de plata y hace un urgente llamado a aprender a ser más solidarios y que cuando se llegue al punto de estar mejor integrado, la  sociedad devuelva un poco de lo que Dios les ha permitido aquí tener.

Y hoy, despues de 10 años de ver su sueño una realidad y muy contrario a sus inicios en la Gran Metrópoli, Cecilia Escamilla tiene actualmente una percepción muy diferente de la ciudad en la cual decidió instalarse para siempre con su familia.

“Honestamente amo Montreal, este es el lugar donde Dios me trajo por algo, creo que no me trajo por gusto. Mi esposo me dice que yo estoy más enamorada de Montreal que de él. Esta es una ciudad que me ha permitido sentirme realizada como mujer, como profesional, como mamá. Me gusta, me encanta todo, hasta los inviernos”.

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