Alejandro Muñoz Garzón. Foto Archivo Personal.
Alejandro Muñoz Garzón. Foto Archivo Personal.

“Soy feliz si sirvo”: Alejandro Muñoz Garzón

Alejandro Muñoz Garzón es un periodista egresado  de la Universidad Jorge Tadeo Lozano que llegó a ser parte del equipo de “Sábados Felices”, aquel inolvidable programa de humor que por años reunió sagradamente cada fin de semana a las familias colombianas. Dentro de su experiencia periodística también trabajó con Jorge Enrique Pulido, recordado periodista víctima de la ola de violencia generada por el Cartel de Medellín en los años 80.

Sería interesante escudriñar sobre la trayectoria periodística de Alejandro Muñoz en Colombia pero también resulta muy atractivo conocer el trabajo social que realiza por intermedio de su Fundación para el Reencuentro con la que ha logrado que miles de personas desaparecidas en el mundo se vuelvan a encontrar con sus seres queridos.

Son muchas las distinciones que ha ganado  Alejandro Muñoz por su trabajo social y entre ellas figura la más reciente que es el Premio Momentos al Mérito en Filantropía que la Revista Momentos le otorgará el próximo 14 de noviembre en Colombia.

Alejandro ya está listo para abrazar su próxima distinción. Esa que le indica que lo más importante en su vida es servir a la humanidad  para alcanzar la felicidad así sea sólo por un ratico, por un instante.

Conozcamos un poco más de Alejandro Muñoz Garzón, el “Sherlock Holmes” de carne y hueso, que con su lupa y su equipo de trabajo, le están proporcionando a miles de personas en el mundo la satisfacción de reencontrar a sus seres queridos.

 

 

 

Por Germán Posada

Germanposada77@gmail.com

 

 

G.P. ¿Por qué se dedica a reencontrar personas?

A.M.: Porque la vida se fue encargando de ponerme en esa labor.

 

G.P. ¿Su actividad la considera una pasión o una misión?

A.M.: Un apostolado y una forma de vida personal.

 

G.P. ¿Cuál fue el momento clave en su vida en el que decidió que quería hacer esto?

A.M.: Coincidencialmente investigaba el paradero de unas personas para generar una sorpresa a un invitado de un programa de televisión y mi padre me dice que le ayude a encontrar a su hermano que llevaba más de 40 años en las selvas del sur de Colombia. Busqué a mi tío por 20 años y cuando lo encontré en selvas del Caquetá, tuve que hablar con emisarios del guerrillero de las FARC alias ¨El negro Acasio¨ para que me permitiera entrar a la zona y sacar a mi tío, pero me mando a decir que me daba dos horas para entrar al sitio y sacarlo. Hablé con varios comandantes de nuestro ejército, pero no fue posible coordinar una misión aerotransportada por las condiciones y alta peligrosidad de la zona. Mi padre falleció sabiendo que había encontrado a su hermano, a quien no pude sacar de aquella selva y falleció producto de una enfermedad terminal. En aquel entonces yo ya había realizado cerca de 10MIL reencuentros.

 

G.P. ¿Quiénes conforman su Fundación?

A.M.: Yo dirijo un voluntariado que ha ido creciendo en estos 25 años donde he logrado sumar expertos en rastreo documentario, manejo de bancos de datos, identificadores y lo más importante, médicos, sicoterapeutas, sicólogos, guías espirituales, trabajadores sociales y orientadores familiares. Con todos ellos realizamos dos fases de un reencuentro: Apoyo y orientación para el desaparecido solicitante y su familia a los que educamos y guiamos. Ayuda para una satisfactoria integración al desaparecido y familiares que ubicamos.

 

G.P. Entidades como la policía recomienda no entrar en pánico y esperar a ver que pasa durante 24 horas cuando se reporta a alguien como desaparecido. ¿Es una acertada recomendación a seguir?

A.M.: Lastimosamente nuestra policía no está capacitada para realizar un sondeo sicoafectivo familiar y de esta manera establecer la razón exacta de una desaparición. Lo definitivamente irreversible, es que si a una desaparición por violencia intrafamiliar le aplicamos la espera policial de 24 horas para iniciar una búsqueda, cada hora de ventaja que tome el desaparecido, puede significar de dos a tres años de desaparición, lo que abona y marca un desprendimiento afectivo total.

 

G.P. ¿Cuál es el procedimiento que utilizan para iniciar el objetivo de un reencuentro? 

A.M.: Se debe establecer la verdad de una desaparición. Sí esa verdad no es exacta por parte del desaparecido solicitante y del desaparecido ubicado, jamás habrá un punto de equilibrio para manejar el acercamiento y pasar a las etapas fundamentales en la preparación de un reencuentro satisfactorio: Aceptación, reconocimiento e integración familiar.

Si observamos bien, un reencuentro es exactamente igual a un proceso de paz. Si la verdad no se maneja en ambas partes del conflicto, jamás se llega a un acercamiento efectivo y reinará la desconfianza, el interés y el oportunismo, así como el odio, las amenazas y el miedo.  

 

G.P. ¿Cuáles son los casos de reencuentros que atiende su fundación?

A.M.: Únicamente desaparición por violencia intrafamiliar y adopción.  

No realizamos reencuentros para menores de edad en litigio judicial, (para eso están los jueces) tampoco realizamos reencuentros para personas moribundas ó agonizantes, ya que en estos casos sucedida la muerte del solicitante, se desencadena en un 97% de los casos, una persecución violenta y con consecuencias irreversibles para el desaparecido ubicado, a quien se le genera odio, mucho dolor y le son vulnerados todos sus derechos legales y afectivos.

 

G.P. ¿Recuerda cual fue el primero reencuentro que logro hacer?

A.M.: Orfelina Perchené una humilde modista hacinada en un inquilinato por los alrededores del hospital de la Hortúa en Bogotá, me escribió una carta en la que me contaba que 45 años atrás, su esposo un corredor de autos en Venezuela le había robado un niño recién nacido, al que encontré como maestro de escuela en Pereira donde vivieron madre e hijo por 20 años, después del reencuentro. Orfelina antes de morir me escribió otra carta en la que me agradeció haberle permitido los mejores años junto a su hijo y haber criado tres nietos, entre ellos uno al que pusieron mi nombre en agradecimiento por haberlos reencontrado.

 

G.P. ¿Qué siente cada vez que logra que personas se reencuentren?

A.M.: INCERTIDUMBRE. Un reencuentro es un proceso humano y como tal, se convierte en algo completamente impredecible y algunas veces inmanejable. Depende de cada persona, de lo que tenga en su mente y quiera convertir en realización humana, por eso cada reencuentro no lo celebro el día que se abrazan por primera vez después de una larga desaparición; lo celebro yo en el silencio de mi oficina un año después, al hablar con cada uno de ellos y confirmar que lograron integrarse.

 

G.P. ¿Nos describe algún reencuentro en especial que lo haya marcado de manera significativa?

A.M.: Una mujer me escribe una carta para contarme que ella había sido 40 años atrás, partera, comadrona en Santa Rosa de Cabal, Risaralda, donde atendido a una joven llamada Aidé Valencia, a la que le sacó un bebé de siete meses para abortarlo y ella lo metió en un tarro de galletas para ahogarlo, pero a la hora de hacerlo vió aquel niño tan indefenso que decidió criarlo.

Encontré a la madre Aidé Valencia en un pueblo al sur del Meta y sin dudarlo un segundo, emprendió viaje al reencuentro. Cuando se saludaron Aidé y la partera, esta le contó que no había podido matar aquel ser que hoy le entregaba, porque la bondad de aquel hijo le hizo ayudarle a buscar a su mamá.

Cuando ingresó el hijo, Aidé se postró de rodillas llorando y suplicando perdón, mientras su hijo la ayudaba a ponerse de pie y él le daba la bendición mientras se quitaba su chaqueta, lo que nos permitió ver que el hijo era un sacerdote católico. Hoy la señora Aidé Valencia vive con su hijo el Rvdo. Padre Julio en Costa Rica, donde gracias a él, he podido ayudar a otros a encontrar sus familiares.

 

G.P. ¿En cuántas partes del mundo tiene eco su labor humanitaria?

A.M.: Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador, Cuba, México, Estados Unidos, España, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Suecia y Japón.

 

G.P. Su labor ha sido ampliamente difundida en diferentes medios. ¿Cuál ha sido ese recorrido mediático?    

A.M.: Llegué a los Estados Unidos la primera vez en el 2005 por invitación directa de Don Francisco, para entrevistarme sobre los reencuentros e inicié la realización de reencuentros en sus programas: Sábados Gigantes y Don Francisco Presenta, programa que me distinguió como ¨Héroe Anónimo¨ en diciembre de 2006 por mi trabajo social.

En el año 2013 fui invitado por uno de los directivos de Telemundo a una reunión en la que me propusieron formar parte del programa AL ROJO VIVO, donde realicé reencuentros en México y América Latina un par de años.

En el 2016 la directora y presentadora el programa AQUI y AHORA Teresa Rodríguez, destaca mi labor en un programa donde fui el invitado central y realicé tres reencuentros para ese especial de fiesta de madres. Enseguida allí mismo en UNIVISION, me invitan a formar parte de un equipo investigativo, para realizar búsquedas en Latinoamérica, tarea que me permite trabajar de manera independiente y desarrollar mi labor por toda América Latina.

En Colombia desde hace 20 años formo parte del equipo de base de investigadores y productores, donde realizo reencuentros para el programa -Testigo Directo– de Rafael Poveda Televisión. Con mis reencuentros, he formado parte como investigador y realizador en la producción para programas televisados en Perú, Venezuela, Chile, Costa Rica, Argentina, España, Holanda, Francia, Alemania y Japón.

Soy el autor del Libro ¨Dios mío, dónde diablos estás?¨ donde cuento 40 historias de personas que llegaron a mí cargados de incertidumbre e incredulidad ante la posibilidad de un reencuentro.

 

“La felicidad es instantánea. Por eso debemos llenar nuestra vida de muchos instantes que nos ofrecen respuestas sobre las razones por las que venimos a esta dimensión”.

Alejandro Muñoz Garzón y su libro ¨Dios mío, dónde diablos estás?¨

 

G.P. ¿A quién admira como filántropo?

A.M.: A mi madre: Esperanza Garzón de Muñoz. De quien me enteré todo lo que había servido a la gente el día que la sepultamos. Conocí personas insospechadas a las que ella ayudó en absoluto silencio y ellas fueron a llorar su fallecimiento. Cuando salimos de la iglesia camino al cementerio, vi como una inmensa fila de gente batiendo pañuelos blancos la despedía y pude ver hombres y mujeres llorando arrodillados en varias cuadras de su vecindario. Recordarlo me emociona hasta las lágrimas, fue una persona extraordinaria que me enseño: ¨Que tu mano derecha jamás sepa que hace la mano izquierda.¨

 

G.P. ¿Qué personalidad (es) en especial le han manifestado su admiración por lo que hace?

A.M.: Como periodista he tenido el privilegio de conocer y estar al lado de personajes nacionales e internacionales reconocidos de la vida política, periodística, artística, deportiva y social quienes al conocer mi labor me felicitan y animan a seguir adelante y claro, cuando alguno de ellos necesita un favor mío, quiere que yo corra con todos los gastos. Algunos lo comprenden, otros se enojan y no vuelven a determinarme.

 

G.P. ¿Qué clase de apoyo necesita en este momento para que su trabajo sea más efectivo?

A.M.: Paciencia, confianza, consideración y respeto de los solicitantes. Muchos creen que el reencuentro es llenar un formulario de solicitud por internet y recibir en dos horas en la puerta de sus casas a la persona que buscan.

 

G.P. ¿A parte de la palmadita y las felicitaciones si han cumplido los que se han comprometido a ayudarlo en su causa?  

A.M.: La palmadita y la felicitación siempre son la antesala de una bendición que llega en el momento menos pensado de personas que incluso, no necesitan de mis servicios.

Hace 15 años reencontré a una mujer con cuatro hijos que le habían sido robados por la familia de su esposo fallecido en el Valle del Cauca. Ella para ayudar a la fundación trajo un talego lleno de monedas de 200 pesos el cual le dije que mejor se llevara pues sabía que debía pagar su arriendo. Ella se despidió tan agradecida que me dijo: ¨Estoy segura que Dios le recompensará esto que usted está haciendo hoy por mi¨. 

Días mas tarde, fui a tomarme un café a Unicentro, donde me encontré de frente al salir de una escalera eléctrica con un filántropo caldense, que yo jamás había visto y quien me abrazó llorando desconsolado lleno de emoción y me invitó a almorzar. Yo pensaba que el me pediría buscarle un familiar desaparecido. Cuando ya terminábamos el almuerzo, él sacó su chequera y me ayudó con unos gastos que tenía en ese momento mi institución y se comprometió desde entonces a pagar el plan telefónico de celular de la Fundació Para el Reencuentro  lo que él ha hecho de manera ininterrumpida durante estos 15 años. Gracias don Edilberto Mesa.!!!.

 

G.P. ¿Por alguna razón ha sentido desfallecer en su labor filantrópica al punto de dejarlo todo? 

A.M.: Muchas veces. La muerte de mi madre, un divorcio y la muerte de mi padre, me internaron en una depresión muy profunda en la que incluso llegué a pensar en el suicidio dos veces y cuando estuve a punto de hacerlo, siempre hubo una llamada de gente humilde y sencilla que me pedía en nombre de Dios cuidar mi salud y ayudarles. Siempre que he intentado dejar de hacer reencuentros, la vida misma me vuelve a poner en el camino.

El periodista e investigador Gonzalo Guillen, quien es algo así como mi biógrafo, vive aterrado de las coincidencias extraordinarias que han sucedido en mi vida, cada que yo enfrento una crisis. Y así ha sucedido desde mi nacimiento. Fuí desahuciado a los tres meses y mi madre me llevó a la iglesia del barrio 20 de Julio donde me colocó a los pies del Niño Dios, según el médico yo fallecería en cuestión de horas. Después de la visita a la iglesia, me recuperé.

Al año de nacido, mi madre monta a un bus y mientras sacaba el dinero del pasaje una mujer se ofrece a cargarme y corre hasta la puerta de salida con la intensión de robarme y en ese momento mi padre que era policía y había visto a mi madre subir al bus, aprovecha que se abre la puerta de atrás y ve a la mujer conmigo en brazos y me rescata, mientras la mujer huye despavorida.

Hice la primera comunión a los trece años con una vecinita de la que estaba enamorado en silencio y a la que no volví a ver por 40 años. Justo cuando vivía mi crisis de separación y muerte de mis padres, volví a encontrar a aquella vecina y al año nos casamos en Estados Unidos, donde creamos la Fundación internacional Para El Reencuentro y ella maneja el área de adoptados, comunicación y acercamientos. Es mi adorada esposa Liria A. Benítez F.

Alguna vez fui atracado por dos hombres en una moto mientras despinchaba una llanta por la avenida Cali en Bogotá. Uno de los delincuentes ordenó al más joven llevarme a un caño cercano y dispararme para quedarse con mi carro. El más joven se negó a dispararme, diciendo al otro que yo había encontrado las hermanas de su madre perdidas por 60 años y me pidió perdón con el revólver en la mano y entre sollozos me abrazó. Su compañero de andanzas se conmovió, me presentó disculpas, terminó de poner la llanta y luego los dos me escoltaron con su moto a mi lado y hasta mi casa, para que no me pasara nada y llegara seguro aquella madrugada.

En fin, sí sigo contando coincidencias y anécdotas extraordinarias, no termino…

 

G.P. ¿Cuáles son las partes en el mundo en donde las estadísticas señalan más desapariciones?

A.M.: Actualmente México. Todos los países en guerras internas o externas y con procesos de migración por dictaduras, anarquismo o empobrecimiento, dejan profundas heridas en el rompimiento y la separación familiar.

Debo anotar y subrayar que la mayor fábrica de desaparición familiar la produce la violencia intrafamiliar. Las verdaderas guerras de odio y segregación afectiva se dan al interior de las familias, donde el miedo impera y fermenta todo el desorden social que luego se convierte en pandemias sociales a lo largo y ancho del mundo.

 

G.P. ¿Qué casos de desapariciones considera más difíciles o complicados de solucionar?

A.M.: Aquellos donde el MIEDO de cualquiera de los dos bandos afectados por una desaparición afectiva familiar, no permite dar continuidad a un acercamiento. Muchos piensan que encontrando a ejemplo: JOSE MORENO, encuentro a mi padre. Y la realidad es esta:

Hay que encontrar a José Moreno para que este acepte, reconozca y voluntariamente desee ser mi padre.

Lo mismo sucede con las mujeres. Un alto porcentaje de mujeres son buscadas por sus hijos entregados en adopción. Hay que investigar primero la razón de adopción, para ello ubicamos a la madre y le preguntamos. En estadísticas manejadas por (FIPER) nuestra institución, el 70% de las madres han estregado sus hijos en adopción por ser el producto de una violación realizada por sus propios familiares.

Muchos adoptados no aceptan que se debe realizar una metodología con respeto y prudencia y se niegan a seguir nuestro proceso de manejo, entonces llegan a sus madres por otros medios y destruyen de tajo sus vidas, pues ellas mantienen en secreto la adopción y cuando esta se destapa, son vulnerados por sus hijos y esposos actuales, juzgados por su parentela y señaladas y perseguidas por la sociedad.

Definitivamente es necesario y demasiado importante: EDUCAR, desde el amor, la comprensión y el respeto. Ingredientes muy escasos en estos tiempos.

 

G.P. ¿Siempre existen una probabilidad de encontrar a alguien o por el contrario hay situaciones que son caso cerrado?

A.M.: En mi tarea jamás cierro un caso, todos los días logro resolver casos que han soportado muchos años. Cuando encuentro personas que se niegan a realizar un reencuentro, dejo las puertas abiertas y tarde o temprano me contactan para decirme que ya están preparados al abrazo.

 

G.P. ¿Cuántas distinciones ha ganado por su labor humanitaria?

A.M.: No las tengo contadas pero son muchas, he recibido medallas, placas, diplomas, trofeos, botones y hasta las llaves de muchas ciudades en mi país, aún así, a la hora de pedir ayuda a un alcalde o un funcionario oficial para buscar a alguien, me cierran todas las puertas, pero siempre logro resultados gracias a la ayuda de las personas menos imaginadas.

Alguna vez una EPS me dio una placa por mi labor social, al poco tiempo necesité llegar a una mujer desaparecida su familia muchos años de la que habían datos en esa EPS, cuando quise lograr la información habían cambiado al funcionario que me dio la placa y su reemplazo me sacó de su oficina con cajas destempladas, porque según él, yo era un delincuente.

Lo que jamás supo aquel funcionario, fue que el dato que necesitaba lo logré porque el celador que fue llamado para que me sacara del lugar, camino la salida me contó que quería encontrar a la mamá que no conocía. Yo le dije que me ayudara con el dato y él lo logró en menos de ocho días. Un mes después yo logré abrazarlo a su madre y hermanos en La Tebaida, Risaralda.

El gran enemigo del reencuentro, ni siquiera es el estado, son los hombres y mujeres que dirigiendo las oficinas con las que pueden y deben ayudar al prójimo, se convierten en verdaderos enemigos de la unidad familiar, únicamente por satisfacer sus egos de poder y vanidad.

 

G.P. ¿Qué representa su Premio Momentos al Mérito en Filantropía?

A.M.: Un premio es un reconocimiento, el cual permite que muchos ojos y oídos estén pendientes de uno. Por eso hay que recibirlo con gratitud y mantenerlo con responsabilidad, pues cualquier error que uno cometa, manchará no solo su trabajo, sino la imagen de la entidad que le da el premio; en este caso la REVISTA MOMENTOS, a la cual agradezco y debo mejorar mi rendimiento para no defraudarla con su exaltación.

 

G.P. ¿Cuándo se siente feliz?

A.M.: La felicidad es instantánea. Por eso debemos llenar nuestra vida de muchos instantes que nos ofrecen respuestas sobre las razones por las que venimos a esta dimensión. En mi caso, estoy seguro: Soy feliz si sirvo y si no sirvo, procuro mejorar.

 

G.P. ¿Y triste?

A.M.: Decía mi Santa Madre: ¨Mijito, cada cual es tan triste como se siente, por eso usted debe sentarse bien, así no estará triste nunca.”, mi madre era sabia, sí usted no se sienta a la mesa con los que son, difícilmente sonreirá.

 

G.P. Muy amable y un abrazo.

A.M.: Estas dos palabras creo son las que más he escrito y utilizado en mi lenguaje escrito y telefónico cada que estoy realizando un reencuentro o después de haber logrado realizarlo. Y no pienso dejar de decirlas y de hacerlo.  Muy amable y un abrazo Germán.

 

“Un reencuentro es un proceso humano y como tal, se convierte en algo completamente impredecible y algunas veces inmanejable”.

Alejandro Muñoz Garzón acompañando personas en un reencuentro