Alvaro Uribe González.

Álvaro Uribe González: “Soy feliz cuando estoy escribiendo”

De algunas de las personalidades de los medios en Colombia que he tenido la fortuna de entrevistar tengo cierto conocimiento de sus respectivas trayectorias. En algunos de los casos tengo recuerdos muy marcados, y en otros, lo reconozco, casi nada.

Referente al tema en mención, algo en particular me sucedió con el Hombre de Medios, Economista y Profesor: Alvaro Uribe González.

Cotidianamente estamos escuchando voces en las diferentes cuñas publicitarias sea en radio o en televisión y de las cuales desconocemos en gran parte los nombres de las personas que las narran. Sorprendido me quedé cuando me enteré que la voz que narraba comerciales como: “Pensiones Porvenir” “Bancafé” “Electrificadora Isa” y “Conexión Colombia”, se trataba del Profesor, Alvaro Uribe González.

Para describir su legado quizás no sea la persona más indicada así haya investigado sobre él. Me basta saber que esa señorial y fascinante voz con la que me deleitaba escuchando  aquellas promociones pertenece a esta leyenda viviente de la radiodifusión colombiana.

Álvaro Uribe González, decidió un día retirarse de la radio porque estaba dedicado a escribir su trabajo de grado para ser economista, ciencia que lo atrajo por su aspecto humano, el mismo que caracteriza a este hombre dotado de una magistral voz que deleitó por una década los oídos de los colombianos cuando fue el responsable de narrar las promociones para el Canal Caracol.

Su voz influenció a otros en el arte de hacer radio y con ella sigue seduciendo oídos impartiendo cátedra como profesor.

  

 

 

Por: Germán Posada

germanposada77@gmail.com

 

 

 

G.P. ¿Qué perifoneaba en su época de bachiller en el colegio?

A.U.: En el colegio fui fundador de un periódico a los doce años y lo mantuve todo el bachillerato. Esto me rodeó de una cierta aureola de importancia que me condujo a que el cura rector de la época al hacerle una pequeña sugerencia de que montáramos unos alto parlantes convertidos en una especie de emisora que circulaba solamente dentro de los patios del colegio, me diera el derecho a lo que se llamaba la perifonía que no se usaba si no para las secciones del sábado, izada de bandera y para alguna llamada urgencia de la rectoría o de la prefectura. Así me dieron la perifonía y yo convertí esto en una transmisora, una emisora de espacios musicales que armaba con libreto y todo. Presentaba boleros y hasta me di el lujo de poner rancheras en un colegio de curas en donde era esto casi pecaminoso, además “música brillante”, que hasta el día de hoy no he podido entender por qué la llaman así. De los poquitos discos que yo podía reunir con mis amigos de los que habían sobrado de la vitrola de mi papá, hacía la programación y así fuimos al aire mucho tiempo.

 

G.P. ¿De qué se trataba el periódico que dirigía en el colegio?

A.U.: Mi periódico se llamó “El Halcón” y hacía las veces de director. Realmente lo que hacía no era tanto escribir porque siempre pensé que la gente si escribía bien y yo no. Un muchacho que quería estudiar medicina, escribía de medicina, otro que sabía algo de ingenierías o tenía la tendencia a ser ingeniero, escribía cosas de ese estilo. Yo me encargaba de la parte administrativa del periódico que organizaba campeonatos de fútbol, baloncesto, ajedrez, inclusive la portada de un ejemplar, es de unas olimpiadas hecha por un muchacho que era muy buen pintor y estudió ingeniería y luego fue Secretario de los Ferrocarriles de Australia, cargo en el que se desempeñó unos 20 años.

 

G.P.: Pensaba que no tenía talento para escribir y ya ha publicado escritos y libros.  ¿Qué opina al respecto?

A.U.: Pues que todavía no he aprendido a escribir. Hago el esfuerzo y creo que lo hago mejor desde aquellas épocas de colegio hasta la actualidad. Yo pongo en mis notas públicas “sin fe de erratas” aún cuando las haya revisado porque creo que puede haber alguna deficiencia y no me considero escritor. Me da pena. Tengo un artículo que se llama “Presunto Escritor”, en donde hablo de mi mismo.

 

G.P. ¿Antes de ser locutor pasó por su mente trabajar en esta profesión?

A.U.: Si. En cierta forma y por necesidad. A los 15 años me tocó disfrutar de unas vacaciones muy bien remuneradas en una exposición de obras públicas que organizó la dictadura y allí había un tren eléctrico que explicaba lo que sería el funcionamiento de un ferrocarril desde Neiva hasta Santa Marta que se llamó el Ferrocarril del Atlántico. Yo tenía por oficio bien remunerado poner la cinta mediante la cual se explicaba su funcionamiento, era hecha en la voz de un Sr de apellido Mora que después fue un excelente locutor de la BBC de Londres. La cinta un día se reventó y estaba lleno el espacio con público y yo que ya me sabía el texto de memoria y además estaba al frente por si había alguna duda, empecé a repetirlo. En esas se vino el ingeniero responsable de la exposición y me preguntó sobre lo que estaba pasando y yo me asusté pensando que me iban a echar y al contrario aprendí que podía hacer un curso de locución que había en el Ministerio de Comunicaciones y con esa esperanza salí después de haberme ganado una muy buena plata en 15 días de estar jugando con un tren eléctrico.

 

G.P.: Antes, una gran mayoría de locutores no tenían estudios superiores y con el paso del tiempo lograron con su trabajo credibilidad y respeto. Ahora pasa todo lo contrario. En muchos casos no se les cree así tengan diplomas. ¿Qué piensa al respecto?

A.U.: Pienso con toda nitidez y tengo al respecto varios escritos y un libro que hice para una emisora. Mi recomendación y creencia es la que tuvo Francia hacia los años de la Nueva Revolución Francesa del 68, cuando los curas rebeldes y demás. Francia optó por decir no más escuelas de comunicación, no más escuelas de periodismo. El periodista bueno para mí, el que yo he conocido excelente casi, es el hombre que aprendió otra carrera, otra profesión, otra disciplina y empieza a escribir a partir de esa y para esa disciplina. Ejemplo, el del doctor Sánchez, que escribe todavía para el periódico El Tiempo, es un médico brillante, que escribe muy bien a pesar de que no se preparó para ello. La obligación de un médico en mi época de infancia era en su gran mayoría aprender francés y recuerdo que el médico que atendía a mi mamá escribía y sabía de literatura francesa más de lo que sabían mi profesor de literatura y mi profesor de francés.

 

G.P. ¿Cual comparación haría de la locución de vanguardia que le tocó a usted a la que se viene haciendo actualmente?

A.U.: Yo pienso en términos de época que toda época pasada fue mejor. No pienso que todo a futuro sea mejor. O que lo de ahora  es muy bueno y  lo de antes muy malo. En los aspectos malos la humanidad es ahora mejor que hace unos siglos. En el aspecto bueno la humanidad es mucho mejor y en esto incluyo la tecnología. La parte artística que tiene que tener la locución si se ha desmejorado un poco aún cuando el estilo de hoy para muchos es mejor a la de vanguardia como tú la llamas. Yo conocí  excelentes locutores pero excelentes autodidactas. Personas que aprendían frente a la circunstancia de encontrarse al pie de la responsabilidad de comunicar y decirlo bien. Nos vimos forzados a aprender todos los días un algo más y los que se iban quedando no pasaban de ser simplemente buenas voces pero nunca llegaron a ser importantes en ninguna otra área y se quedaron como locutores de vanguardia.

Los muchachos de ahora tienen deseo ya que les costó ir a mal prepararse porque las facultades de comunicación no deberían primero llamarse facultades porque no están facultadas para suministrar educación en general y menos en periodismo. Por ejemplo, en la Universidad Nacional no hay carrera de periodismo por una razón simple que creo tiene mucho que ver con lo que yo sostengo. El periodista se va haciendo en el camino a través de la lucha, los golpes que recibimos como periodistas. De aquellos pretenciosos entrevistados que le dicen a uno es que usted no sabe con quién se ha metido  yo soy tal y usted no tiene ni idea del área en la que yo trajino. Ese “pobre Ministro” coge a sombrerazos al periodista. Antes había respeto por el periodista hoy en día no. Debe haber respeto mutuo entre entrevistador y entrevistado así cada uno se considere intelectualmente mejor que el otro.

 

G.P. ¿De las estaciones en las cuales trabajó en cuál de ellas sintió como su casa?

A.U.: Realmente en ninguna si es desde el punto de vista cultural. Si es desde el punto de vista radial en todas. En el momento en que yo entré a la radio a los 15 días de haber salido del colegio me dieron un puesto en una emisora de esa que llamábamos nosotros “relojeras”, era lo último, era el zaguán de una construcción y lo digo en términos de auténticos, la emisora en donde yo debuté haciendo turnos de 8 horas quedaba en un zaguán del teatro San Jorge en Bogotá y en el fondo quedaba la elegante emisora Nueva Granada. Yo entré con un sueldo que me permitía contribuir en mi casa con la tercera parte pero no tenía nada que ver con RCN que era incipiente en ese momento. No eran sino tres emisoras que recuerdo Nueva Granada, La Voz de Medellín y Radio Pacífico de Cali.

Cuando yo llegué a Radio Santa Fe  fue después de mi paso como subdirector a los 17 años de la emisora 1020. Su director era alguien que había sido director de Emisoras Nuevo Mundo, un abogado pastuso muy inteligente y cuando supo de la existencia mía en la radio me hizo la invitación de ir a fundar la nueva Radio Santa Fe.

Yo hacía las veces de segundo fundando el departamento de noticias y dirigiéndolo a esa edad.  Sin embargo en mi segundo cargo como director en la empresa pedí que nombrase tres locutores supernumerarios para atender ausencias sorpresivas de los básicos que siempre eran los mejores disponibles en la radio de Bogotá de entonces: Armando Osorio, Juan Caballero, Néstor Álvarez Jimmy García

Siempre fui muy rígido en mis decisiones como Director. En Radio Santa Fe me llamaban “El pollo” o “El director de la nueva ola”.

 

G.P. Es innegable que poseer como don natural una linda voz da ventajas para el ejercicio de la locución. Usted por ejemplo la tiene. ¿Para los que no la tenemos tan elegante pero tenemos el deseo de ser locutores qué nos recomienda?

A.U.: Directamente, Germán tiene una bonita voz. Todas las voces en general son bonitas. Salvo las que tienen problemas congénitos, ejemplo, labio leporino. Si tú pones todas las voces en un medidor de voces todas se pueden educar y educarlas no es complejo. En este tema yo nunca he dado consejos salvo a mi hijo. A mí me han sugerido fundar una institución para enseñar a hablar y tal vez lo hubiera podido haber hecho más idóneamente que otras personas pero  nunca he pensado en hacerlo. Y si hay algunas recetas. Yo era “media lengua”, así nací y me crié, quizás porque era muy consentido en la casa. Pero me quité ese defecto con base en pura voluntad. Nuestro cerebro hace maravillas. Otro elemento que me ha ayudado mucho es que tengo una capacidad respiratoria muy grande porque siempre he hecho ejercicio desde niño. El ejercicio físico es definitivo. Todos los días subía con compañeros a un cerro que queda al frente de la universidad a más de 300 metros de alto respecto al plano de la sabana. Lo subíamos antes del curso de clase diferencial a las 7 de la mañana. Yo llegué a resistir debajo del agua casi dos minutos.

 

G.P. ¿Cuál podría considerar cómo una de las satisfacciones que le ha dejado la locución?

A.U.: Creo que la más grande fue siempre considerar que había gente hecha y gente moldeable y en los dos campos si tuve la intuición de escoger muy bien. Por ejemplo yo pude darme el gusto en Radio Santa Fe, cuando fundé todo un sistema porque era novedoso, de presentar noticias cada cuarto de hora. En ese entonces las noticias iban máximo cada media hora en las emisoras grandes, le estoy hablando de Nueva Granada, Nuevo Mundo, La Voz de Antioquia, La Voz de Medellín, Radio Pacífico y La Voz del Rio Cauca, en Cali.

Yo me inventé lo del cuarto de hora y ese invento significó una revolución al punto de que recientemente alguien me confesó: “Yo oía a Santa Fe obligatoriamente para fusilar todas las noticias que daban”. El mérito de eso fue el de escoger gente muy buena, le doy nombres: Juan Caballero, Hernando Perdomo Ch, Armando Osorio Herrera, Nestor Álvarez SeguraDavid Cañón Cortés Ervin Toiber, Hugo Alberto Munker, ellos se hicieron a la idea de que el periodista iba por la noticia, la escribía y luego venía  a la emisora a decirla. Pero tenían ante todo voz. Para mí la radio es música y todos ellos tenían muy bonitas voces.

 

G.P. ¿Ese formato de noticias de cada cuarto de hora fue lo que causó revuelo años después en Radio Net con Yamid Amat?

A.U.: No sé que haya tenido en mente él pero te cuento lo siguiente. Yamid Amat fue una de las personas a las que yo convoqué para que fuera locutor de una emisora que dirigía que se llamaba Radio Modelo Canal 125. Lo hice porque Yamid tenía una voz que yo consideré me podía servir para leer noticias, pero él no aceptó. Justo en este momento acabo de caer en la cuenta de que la persona que me dijo que escuchaba a Radio Santa Fe, era un locutor en Radio Juventud que era en donde trabajaba en ese entonces Yamid Amat y en donde fusilaban todo lo que nosotros decíamos en Radio Santa Fe.

Es decir es toda una coincidencia pero sí creo que siguió siendo la mía la primera. Quizás Yamid debió pensarlo. El es un tipo muy hábil.

 

G.P. ¿Por qué la locutora Libia Boada Escobar fue su ídolo de infancia?

A.U.: Para mí las tres voces más lindas son las de Juan Caballero, Gerardo Mosquera Ruiz y Libia Boada Escobar. Para responder a su pregunta, quizás porque le tengo un aprecio especial, ella hacía un programa muy lindo que se llamaba “Lo que contaba el abuelo” y consistía de cuentos. Lo hacía en compañía de Fernando Gutiérrez Riaño, que fue el papá de Teresa Gutiérrez, la famosa actriz con la que después pasados los años me volví a encontrar cuando fui narrador de la novela “Calamar” en televisión. Por cierto la única novela que ha salido narrada en Colombia, por lo menos que yo sepa hasta ahora.

 

G.P. ¿Algún desengaño, desencanto o quizás tristezas en el medio?

A.U.: No. Absolutamente ninguno. Mi paso por las diferentes organizaciones en donde estuve fue muy exitoso. Tengo el gran orgullo de poder decir que en Radio Santa Fe que se oía en todas partes, grabé el logo escrito por José Félix Castro y la música proviene del inventor  de la Salsa. Tito Rodríguez. De allí me llamaron para fundar una emisora que fue cabeza después de una cadena de 10 emisoras que se llamó La Cadena de las Voces Amigas y allí siendo muy dura la pelea en Bogotá yo logré ganarle a una emisora muy buena en la época llamada 1020 la de los dos pegaditos con un programa llamado “Dos más un hit” con música de Nueva York, Ciudad de México y Buenos Aires.

Luego mi paso por Todelar en donde trabajé con gente muy buena como Andrés Salcedo y Hernando Perdomo Ch. Los tres éramos el soporte de todo el Circuito Todelar en Bogotá por lo menos.

 

“Para el éxito de una grabación es muy importante la conexión entre cerebro y corazón.”

G.P. ¿Por qué considera qué no es necesaria la licencia de locución?

A.U.: Yo no diría que no sea necesaria. Yo sostengo más bien que lo que requerimos es un título profesional. Darle a ese llamado oficio un carácter evidentemente profesional. Yo quise hacer de la locución una actividad profesional y tuve los elementos inclusive jurídicos. Un muy buen locutor que después terminó siendo excelente promotor de música, Jaime Arturo Guerra Madrigal, trabajaba en una Comisión en el Senado de la República y había iniciado los pasos para presentar este proyecto a la Comisión pertinente del Ministerio de Comunicaciones para que los locutores pasaran por la Universidad pero ahí se quedó la idea. Ojalá algún día se ponga en práctica.

 

G.P. Reconocido y aclamado en la industria de los comerciales. ¿Qué le dio tanto éxito en esta actividad?

A.U.: Solamente una cosa. La conexión entre cerebro y corazón. Yo siempre he hecho el esfuerzo por aprenderme lo máximo del texto y si no lo alcanzo, por lo menos la idea sustantiva y eso hace que intérprete realmente lo que el mensaje quiere decir. Tuve la experiencia de unos dos años escribiendo textos lo que se conoce cómo “copy”. Pero en general interpretaba textos de otros. Tenía que imaginarme a partir de lo que decía el texto, que quería quien lo había escrito y tenía una ventaja adicional y era que siempre había una imagen al frente. No todo el mundo tiene ese privilegio. Se graba a distancia y no se sabe en donde va a ir apoyado esto.

 

G.P. ¿A quiénes de sus colegas recuerda con especial gratitud?

A.U.: Primero  José Félix Castro que aún cuando fue abogado fue la persona que dijo que yo era bueno para la radio. El se retiró porque se dedicó al derecho y fundó algo de publicaciones jurídicas.

Como empleado tuve muy buenos compañeros. En “Ultimo Instante” que lo dirigía Eduardo Camargo Gámez y era el cronista político de El Tiempo. Luego en “Contrapunto” con Carlos J. Vega, hermano de Jorge Antonio Vega  Juan Caballero, Juan Eugenio Cañavera. En Todelar Andrés Salcedo y Hernando Perdomo Ch.

 

G.P. ¿Cómo define radio?

A.U.: La radio es una información permanente que suena gratamente al oído. Así uno trasmita música es información. La evidencia está en que de la música que llamamos clásica que no entiendo por qué se le llama clásica ya que clásicos hay en todo tipo de música. Ya vamos en reggaetón y lo que viene puede seguir siendo música. No importa que haya gente a la que no le guste determinado ritmo. Yo pienso que todo lo que el hombre haga y que suene es música. El gusto depende esencialmente de la persona misma y del acondicionamiento de sus neuronas respecto al oído y del oído respecto a su cerebro.

 

G.P. Graduado como Economista de la Universidad Nacional.  ¿Qué le llamó la atención de los estudios económicos?

A.U.: Esencialmente desde el colegio figuro como estudiante de economía y ciencias políticas. Lo que más me llamó la atención fue el aspecto humano que tenía la economía y que creo ya lo perdió. Al menos en Colombia y parte de Latinoamérica. Me llamó la atención su preocupación por el ser humano. Es decir como Ciencia Social. El área que yo escogí fue Desarrollo Económico Latinoamericano y soy drástico en calificar como desarrollo solamente el crecimiento y mejoramiento del hombre. No creo que el crecimiento físico de un país y de una sociedad sea con el Neoliberalismo. Allí no hay desarrollo, hay crecimiento. El desarrollo para mi es solamente el crecimiento del hombre, el mejoramiento de los seres humanos como personas. Esto lo tiene que tener la economía y tengo la confianza en que algún día se recupere. Lo hemos perdido tanto a tal punto que en los pensunes se han omitido las materias que tienen que ver con el desarrollo del hombre. La historia, la geografía, la antropología y la sociología.

 

G.P. ¿Cómo va su trabajo de edición del libro “Renglones socioidiómáticos”

A.U.: La idea mía es terminar en cualquier momento. No es un libro como es un ensayo o una novela con principio y fin. Es la suma de una cantidad de definiciones fotográficas de la mente mía respecto de tres elementos básicos del idioma: los verbos, los términos, es decir las palabras y las apostillas o lo que yo llamo “bordones”. Eso que utilizamos y mal utilizamos los periodistas muchas veces hasta el cansancio y que van causando fatiga en el oyente y en el lector y después si tienen éxito social logran penetrar tanto que la gente los adopta como si fuera ineludible.

Estos tres aspectos están tratados cada en tres capítulos diferentes pero en artículos que están concebidos para que no sean una clase de español porque a nadie se le puede enseñar su propio idioma. Solamente se le puede decir amablemente como yo he tratado en cada una de las páginas acompañándolo con anécdotas de la vida mía. Incluso invento casos para hacer patentes situaciones que idiomáticamente se pueden mejorar y ayudan a la gente a reflexionar respecto de si lo que estoy diciendo o escribiendo está bien o mal de acuerdo con la sintaxis. Pero yo no soy quién para dar clases de español. Es decir, si lo ponemos en términos periodísticos, serían básicamente crónicas.

 

G.P. ¿Y Semblanzas?

A.U.: Ya hay una parte escrita. En la capacidad memorística de uno cabe cantidad de todo y yo llevo mucho tiempo escribiendo. En lo que he hecho hasta ahora alcanza  a ser más de la docena y si le incluyo en trabajos del lenguaje latinoamericano llego a la veintena.

 

G.P. ¿Qué hacer para hablar y escribir mejor?

A.U.: Yo creo que hay tres cosas básicas. La primera es tener conciencia de la carencia de idioma. Porque cuando uno oye a las personas hablando y las lee escribiendo puede estar absolutamente seguro de que la persona particularmente la que escribe dice “eso está bien, no cometí ningún error”. Lo segundo es que debería ser lo primero y es leer muchísimo. Yo si he tenido ese privilegio. No he perdido la vista y creo que es porque estoy leyendo desde que me conozco. Aprendí a leer y las cuatro operaciones matemáticas con mi mamá. Luego leía en una biblioteca muy de espíritu liberal que tenía mi papá y que era lo único liberal que tenía siendo liberal de partido pero más conservador que mi mamá. Aprendí a leer la Revolución Francesa de Jean Clement Martin, la cual conservo. El tercer consejo es que a partir de lo que uno lea empezar a escribir sin importar las equivocaciones. Como en el periodismo. Muy niño fundé un departamento de noticias en radio y lo hice a sabiendas de que con todas las deficiencias era mucho mejor que mis colegas que o no habían terminado bachillerato o lo habían hecho pero no tenían el deseo de aprender y leer más.

 

G.P. ¿Cuál es su mayor satisfacción cómo docente?

A.U.: Todo lo que me enseñan las personas que concurren a las charlas. Nunca he creído en el concepto de la cátedra magistral y pasado el tiempo menos porque eso nos tocó aguantárnoslo en el colegio y hasta en la universidad. Yo creo más bien en el aprendizaje continuo al que está uno deliciosamente sometido al tener al frente público de diferentes características, niveles culturales, sociales y etarios por supuesto. El niño primíparo enseña mucho pero también el que está en cursos más avanzados o graduado.

 

G.P. Su hijo es periodista y estudió becado en USA. ¿Se siente muy orgulloso?

A.U.: Inmensamente. Cómo yo no sentía que lo estaba haciendo muy bien pero habían precedentes en la familia, le sugerí que ensayara a escribir y así se metió un poco a regañadientes a un concurso en El Tiempo que consistía en que todos los participantes escribían sobre sus estudios y carreras ya terminadas con el objetivo de ser periodistas del periódico. Mi hijo fue seleccionado entre los diez mejores entre muchos participantes y les dieron un curso de redacción con la señora Ana Lucía Duque, que tengo entendido es muy buena periodista.

Mi hijo laboró en El Tiempo por espacio de 15 años y terminó siendo el editor de la Revista Viajar. Ahora se dedica como periodista turístico y ha sido galardonado con el premio de la  Asociación Colombiana de Periodistas y Escritores de Turismo (ACOPET).      

 

G.P. ¿Qué considera que no hizo bien y que pudo haber hecho mejor cuando su carrera como locutor estaba en la cúspide?

A.U.: Sin falsas modestias creo que todo lo hice muy bien. Creo más bien que si pienso retrospectivamente fui ejemplo para varios que venían detrás. Inclusive personas que me lo han confesado. Le nombro dos que me dijeron “yo a usted lo oía en grabaciones para imitarlo”. Uno de ellos se llama Gustavo Niño Mendoza y el otro Fabio Arciniegas quién me sustituyo después haciendo los comerciales de Servientrega.

 

G.P. ¿Ha estado en televisión, radio y prensa escrita. Quizás una de las tres sea su preferida?

A.U.: Yo creo que las tres me han gustado. No me considero muy bueno en ninguna pero si me he sentido cómodo en la radio por supuesto. Desde los 14 años he cogido los micrófonos con respeto y con cierta confianza como si fuera un amigo. A mí nunca me asustaron los micrófonos pero tampoco me asustaron las cámaras de televisión.  Yo fui presentador oficial de la Televisora Nacional cuando se llamaba así y me tocaba presentar desde el director de la Organización que era Fernando Gómez Agudelo hasta el Ministro de Comunicaciones.

Nunca presenté al presidente. Presentaba los conciertos, obras de teatro y al Maestro Olav Roth, en los albores de la Sinfónica de Colombia.  Y en prensa por donde he pasado, me he sentido muy cómodo.

 

G.P. Usted es una leyenda, una figura de renombre en la historia de la radio en Colombia. . ¿Qué significa esto para usted?

A.U.: La verdad no sé. No me siento así. No pienso que sea eso. Hay gente que si ha aportado de verdad. Mi paso por la radio fue tan fugaz que no creo haber dejado una estela como para decir “aquí está la huella que pisó fulano de tal”. Si hubiera seguido. No soy amigo del pospretérito que junto con el adjetivo es la expresión y la forma del verbo que más detesto. Si hubiera hecho. No seguí y no le aporté mucho a la radio. Apenas ahora me han invitado de la Universidad Nacional a su emisora UN Radio a hacerles unas charlas a los periodistas pero tampoco he participado en grabaciones.

 

G.P. ¿Si usted considera a Armando Plata como el segundo locutor colombiano más importante del mundo hispanoparlante, quien es el primero?

A.U.: Julio Sánchez Cristo. Porque le dio a Colombia todo lo que nadie le ha dado. La nombradía que tiene el país en materia de comunicaciones hispanoparlante, la comunicación en un muy buen sentido periodístico de la palabra para lograr un reconocimiento que ningún otro país que yo sepa en Latinoamérica ni en España, ni en Filipinas ha logrado.

Armando con su programa GLOBAL HITS ha llegado a donde ninguno de nosotros los que estuvimos haciendo locución llegó en beneficio de Colombia hablando específicamente. Yo estoy suscrito a ese programa y cada día me gusta más.

 

G.P. Tres tíos curas. Los tres oradores eminentes y uno de ellos Obispo.  ¿Alguna vez lo sedujo la idea de querer ser cura?

A.U.: No afortunadamente. Mi espíritu ha sido muy libertario toda la vida. No me gustan los uniformes ni los armados ni los desarmados. No me gustan los armados físicamente para la guerra y menos los armados para la llamada paz. “La paz os dejo, mi paz os doy” lleva dos mil años y no ha funcionado.

 

G.P. La felicidad no es algo que está por ahí y que hay que ir a buscar, es la vida misma: ¡vívela!  ¿Qué lo inspiró a escribir esta frase?

A.U.: El estado de ánimo en el que me mantengo desde hace un tiempo particularmente cuando he hecho énfasis personal en escribir sin fatigarme nunca. Cada día tengo más horas de dedicación a esto y realmente no me fatigo. Me está pasando como lo que le ocurrió al médico japonés de 104 años que hasta se me olvida comer porque siento un placer muy grande escribiendo. Es decir siento que estoy feliz cuando estoy escribiendo.

La frase se la di al “Paché” Andrade en su restaurante. El es un hombre muy alegre. La escribió en una servilleta un día en que me invitó a almorzar. Sigo creyendo que la frase no es equivocada. La gente se queja permanentemente y hace todo apuntando a que quiere ser feliz y donde está la felicidad. Si no está en uno, en nuestro espíritu, en el deseo de hacer bien las cosas sin dañar a la gente que está al pie, eso es felicidad. Es la vida misma.

 

G.P. Muy amable profesor.

A.U.: La única cosa es que todo lo que está contenido en la entrevista creo sinceramente es repetible y en algunos aspectos es imitable. En otros a los que no he hecho referencia es porque no son imitables y Germán no me preguntó por las cosas mías inimitables que son muchas que por fortuna no salen nunca al aire.

Es una satisfacción muy grande tener la esperanza de que esta entrevista si le sirva a alguien, que por lo menos tenga un campo para criticar y decir con algún criterio así sea en una sola frase, un solo renglón, una sola palabra, “me gustó” y con eso es suficiente.

 

La radio es una información permanente que suena gratamente al oído.”

 

Alvaro Uribe González. 

Libros del Profesor Alvaro Uribe González: Reparaciones Gramaticales. (2006, Universidad CESA, Escuela Superior de Estudios de Administración)  Redactor, guía ética e idiomática para periodistas y otros profesionales (2007 RCN Radio)

En edición Raíces y desinencia básicas Renglones socioidiomáticos 2018 Caprichonario,  Colombia beach, Colombia Biche.

Profesor invitado por espacio de ocho años a los cursos de Habla y Texto de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional.

Realizador de Talleres de “Hablar y escribir mejor” para ADEXUM Asosiación de exalumnos y directivos de la Universidad Nacional, para periodistas de RCN Radio, para el Centro del Pensamiento Creativo y para la Asosiación Colombiana de Locutores.

Experto en expresión oral y escrita, atiende realización de seminarios, conferencias y cursos de expresión oral y escrita para particulares, universidades y grupos de estudio.

 

Para contactar al Profesor Alvaro Uribe González:

WhatsApp: (57)315 307 58 80

Correo electrónico: auribevoz@gmail.com