Víctor Hugo Hurtado Cortés
Víctor Hugo Hurtado Cortés

Víctor Hugo Hurtado Cortés: “Los jueces deben ser lo más selecto de la sociedad”

Abogado con más de 30 años de experiencia profesional, funcionario público de altas responsabilidades en la Fiscalía General de la Nación, catedrático de diversas universidades, conferencista sobre temas como el sistema penal acusatorio y ahora Procurador Judicial de Bogotá por concurso de méritos, Víctor Hugo Hurtado Cortés es uno de los profesionales del derecho más conocedores de la problemática de la justicia en Colombia.

Especializado en el campo del derecho penal, y con diversas maestrías y estudios en el exterior, conversamos con este destacado jurista sobre diversos temas de la hoy muy cuestionada justicia, que según expertos requiere una profunda reforma en Colombia.

 

 

 

 

Por: Germán Posada

germanposada77@gmail.com

 

 

 

 

G.P.: ¿Cómo se puede explicar el alto nivel de corrupción en Colombia?

V.H.: Yo diría que frente a la corrupción inicialmente debemos hacer ese cuestionamiento pero a nivel mundial. Es decir, en Colombia hay corrupción pero a nivel mundial de la sociedad humana también se presenta ese fenómeno y los motivos no son muy diferentes. Pienso que es una situación que se fundamenta en un tema de ética que tienen las personas. El dinero fácil. El lograr el éxito de manera rápida. El ascender sin mayor esfuerzo. Son como patrones de conducta que por medio de los medios de comunicación se han ido arraigando en la mente de las personas y frente a eso el resultado son ese tipo de situaciones de corrupción como las que vemos en Colombia  y en otros países.

 

G.P.: ¿A quién se le califica cómo una persona corrupta?

V.H.: Aquí el tema es que para uno poder entender el fenómeno de quién es corrupto ó que puedo entender por una persona corrupta, tenemos que hablar de integridad. La integridad es algo muy importante para las personas de las cuales, hay quienes, que no tienen integridad en sus vidas. Cuando no se logra diferenciar esa situación, por ejemplo, digamos la persona que en nuestro país evade impuestos, de pronto esa persona no es corrupta pero no es íntegra porque si está evadiendo impuestos y efectivamente está realizando algo que no corresponde a lo que sería una persona ética. Alguien puede que no sea corrupto pero si en su casa no es un buen padre o en su vida personal no es una buena persona, está faltando a su integridad. Pensar que corrupto es simplemente la persona que se apropia de bienes del Estado o cobra por cumplir una función que le está asignada legal o constitucionalmente, sería una visión de lo que sería la corrupción pero ahí no radica el problema. La cuestión es que las personas debemos ser integras y en esta medida podemos pensar que vamos a enfrentar cargos o posiciones y en ese ejercicio no vamos a caer dentro de conductas o situaciones que tengan que ver con corrupción.

 

G.P.: ¿Qué hace que las personas comiencen a involucrarse en este fenómeno?

V.H.: Existe corrupción de quién cobra por cumplir una función. De quién cobra o vende una decisión administrativa o judicial. Pero también existe corrupción por ejemplo de quien pretende gobernar única y exclusivamente con personas que correspondan a sus núcleos cercanos. Por ejemplo, quien está pensando en ejercer un cargo con sus “amigos” o con “las personas de su confianza” y lo que hace es traer una cuadrilla de personas que cumplan una actividad determinada que iría en contra del derecho que tendrían las demás personas de ejercer también esas funciones. Para contrarrestar esta situación es aconsejable generar una verdadera “meritocracia”.

 

G.P.: ¿Qué son los organismos de control de un gobierno?

V.H.: Hay unos organismos de control que están establecidos constitucionalmente como la Contraloría, la Procuraduría, incluso la misma Fiscalía como parte del estado que tiene la misión de investigar y juzgar las conductas de las personas que cometen delitos. La Contraloría en el tema que tiene que ver con los juicios fiscales, el manejo de los bienes o el dinero del estado y la procuraduría la que tiene que ver con el aspecto disciplinario específicamente en la defensa de los DD.HH. En estos tres podríamos pensar que está encabezada la situación.

A nivel municipal tenemos en Colombia unas personerías y contralorías. El problema es que todas esas entidades han sido invadidas en gran medida por intereses políticos, entonces cuando al contralor, al procurador o el fiscal son elegidos desde el Congreso, esto genera una serie de compromisos y de ahí parte la poca credibilidad de las instituciones porque la gente en este tipo de mecanismos ya no cree porque ha visto unos resultados que no funcionan. Si mi memoria no me falla Colombia ha tenido tres contralores generales de la República que han estado presos. A esto se añade que han estado cuestionados algunos procuradores y fiscales generales.

 

G.P.: ¿Qué salidas prácticas y eficaces se pueden implementar para sanear esta situación?

V.H.: Esta es una situación muy complicada. Yo creo que el verdadero control que se debe hacer para combatir la corrupción es que exista un control de la sociedad civil, que vigilen el ejercicio de la función pública. La sociedad civil en la medida en que entienda que debe vigilar esa función pública para defender lo que pertenece a esa sociedad civil haría un trabajo con mayor integridad que un político que mediante acuerdos llega a un cargo supuestamente para ejercer el control.

 

G.P.: ¿Los resultados de estas medidas tardarían en comenzar a hacer efecto?

V.H.: Eso sería muy corto. Aquí se han implantado las veedurías ciudadanas que son grupos de personas que empiezan a hacerle el control, digamos, a la actividad de la administración y estas veedurías en la medida en que no se permita la participación política se va a lograr indiscutiblemente que se visualicen los fenómenos o los casos de corrupción. El ciudadano de un barrio o de una localidad puede estar más pendiente de la actividad que desarrolla el estado en su zona. Va a poder vigilar más las alcaldías locales o zonales para efecto de poder ubicar el manejo de los recursos. Cuando esa figura la logremos llevar a espacios mucho más grandes como las gobernaciones o ministerios se va a poder lograr hacer visible y atacar más de fondo estos actos de corrupción con herramientas cómo los medios de comunicación y el internet. Creo.

 

G.P.: ¿Una buena selección de jueces éticamente reconocidos sería una buena solución?

V.H.: Los jueces y gran parte de los fiscales hoy en día al igual que los procuradores en nuestro país han ascendido o han llegado  a estos cargos por el sistema de la meritocracia, por concursos públicos y abiertos, en donde la gente participa pasando unas pruebas y capacitaciones para poder ejercer las funciones. El lío está en que esa corrupción yo no la veo tan fuerte a nivel de estos funcionarios, sería mucho más preocupante lo que nos acaba de ocurrir acá, por ejemplo, las investigaciones que se adelantan contra magistrados de tribunales y de altas cortes porque allí hay una manera diferente para elegir a esos magistrados y esto hace que la situación esté en manos de quienes los lleven a esos cargos públicos. La meritocracia debe ser general, nada excusa la situación, no debe haber nadie privilegiado respecto a esto. Porque si la cabeza no es escogida transparentemente que ganamos con que el resto del cuerpo esté escogido en debida forma.

 

“Desafortunadamente estamos cortados por unos grupos políticos que se apoderaron de las instituciones estatales y han llevado al país a sucumbir en estas crisis de ética e integridad que tenemos.”

Víctor Hugo Hurtado Cortés

 

G.P.: ¿Cuándo se implantó el Sistema Penal Acusatorio se hizo con buenas bases?

V.H.: Al Sistema como tal yo pienso que le hace falta que se tomen unas medidas de carácter administrativo que nos permitan agilizar el sistema acusatorio con todas las garantías haciéndolo más rápido y más dinámico.

 

G.P.: ¿Los defensores públicos que también litigan deberían concentrarse en pleno a su trabajo de servicio público?

V.H.: Yo creo que la defensoría publica es importante fortalecerla, igualmente creo que debe estar conformada mediante meritocracia y no como ocurre hoy en día que son abogados que contrata el Estado por espacio de un cierto tiempo en el que no se sabe si van a ser de nuevo contratados y además con una carga laboral extensa. Aquí se necesita que se amplíe el número de defensores públicos y también se requiere que su ingreso sea por meritocracia, que no corresponda a la recomendación de un político.

 

G.P.: ¿Qué opina del “Cartel de la Toga”

V.H.: El mayor daño que hace un hecho como este que son Magistrados que en este momento están sometidos a investigaciones muy graves y que han sido dadas a conocer a través de los medios de comunicación, es que el sector judicial era de la parte que más confianza se podía tener en el país en un momento determinado. Con esto desafortunadamente la credibilidad del sector judicial queda en tela de juicio. Un Estado sin justicia, una sociedad que no crea en sus jueces está llamada  o condenada de por vida a la guerra, a la “Ley del Talión”, a las venganzas por mano propia. Se supone que las personas que nos reunimos en sociedad entregamos la posibilidad de juzgar las conductas civiles a unas personas y aceptar las decisiones que ellos tomen considerándolos que sean personas integras. Los jueces deben ser lo más selecto de la sociedad. Cuando uno duda de esa situación tiende a solucionar por mano propia y esto es retroceder en el tiempo y volvemos a la “Ley del Talión”, al ojo por ojo, a la venganza propia.

 

G.P.: ¿Se debe reestructurar la enseñanza del Derecho con más énfasis en la ética?

V.H.: Si. Y no solamente del derecho. Desde los primeros años, en la escuela, en el colegio es importante a la gente decirle que a los narcotraficantes o los delincuentes no se les debe hacer apologías mediante películas, semblanzas o crónicas de sus vidas, que no es un modelo correcto de vida, que no es una conducta correcta para efectos de que la sociedad entienda que las cosas debemos lucharlas, ganarlas y disfrutarlas mediante una conducta ética.

 

G.P.: ¿Desde una colegiatura obligatoria se puede generar mejor control en el trabajo profesional de los abogados en Colombia?

V.H.: Claro. Todo eso funcionaría. ¿Pero cuál es el lío que tenemos acá? Inmediatamente se crean esas instituciones llegan los políticos y grupos con intereses y toman asiento en esas instituciones. Por eso esas vigilancias a mi me parecen mucho más efectivas por parte de la sociedad civil. Por personas distintas o ajenas al gobierno mismo. Para el caso del derecho específicamente aquí existe el Consejo Superior de la Adjudicatura para efectos de hacer las investigaciones contra los abogados y aplicar la norma 1123. Pero volvemos a lo mismo. ¿Cómo nombran a los magistrados de este Consejo que debe ser por concurso? Estas personas, no en todos los casos, de una manera u otra tienen ya comprometida su tarea.

 

G.P.: ¿La carrera del Derecho sigue teniendo tanta popularidad entre los colombianos?

V.H.: Si. Colombia tiene una gran cantidad de personas que estudian leyes. En nuestro país y quizás en el mundo, tenemos la idea que muchas cosas las solucionan las normas. De toda esta gente que estudia Derecho sería bueno si se lograra establecer realmente cuantos lo ejercen. Hay muchísimos abogados y gente que estudia Derecho pero no todo mundo lo ejerce. En Colombia todos los días es una fábrica de leyes y las personan se imaginan que estudiando esta carrera se logra una mejor o mayor posibilidad de entrar en este mundo de conocimiento. Yo creo que entre menos leyes existan hay más posibilidades de que las personas las cumplan y de que se controle el cumplimiento de esas leyes.

 

G.P.: ¿Los estándares de la moral en Colombia se han ido desvaneciendo?

V.H.: Eso es cierto. Hay cosas que se vuelven costumbre y resultan siendo aceptadas por la sociedad. Por ejemplo, cuando vemos indigentes en la calle ya esto es muy normal. Y esto no tiene nada de normal. En una sociedad no se debería permitir esto. Se van transmitiendo mensajes errados mentalmente y se confunden. La gente suele decir: “Una cosa es la justicia y otra es la ley”. Nos han vendido esa idea y una ley que no se ajusta no debería existir. Si una ley dice por ejemplo que un banco puede prestar dinero y cobrarle 10, 20 ó 50 veces el valor de lo que le prestó más los intereses pese a que el deudor ya ha pagado una buena suma de esa deuda eso no debe ser así. Esa ley debe salir de circulación. Debe derogarse porque esa ley no hace justicia. Y si la ley no permite que exista justicia entonces esa ley no sirve.

 

G.P.: ¿Y nuestra pertenencia cómo país?

V.H.: No. Yo creo que en nuestro país mucha gente buena. Colombia es un país de gente buena sin lugar a dudas. Creo que tarde o temprano los colectivos de personas van a seguir luchando por recuperar esa bondad que existe en los colombianos. Desafortunadamente estamos cortados por unos grupos políticos que se apoderaron de las instituciones estatales y han llevado al país a sucumbir en estas crisis de ética e integridad que tenemos. Yo honestamente siempre he pensado de esa manera. Algunos nos han querido plantear que la corrupción es una forma de vida y una cosa correcta pero eso no es así.

 

G.P.: ¿Podemos creer que hay mejores esperanzas con la llegada de un nuevo gobierno?

V.H.: Yo creería que es importante. Sin embargo no es que yo tenga muchas expectativas. Lo que he logrado observar es que se ha dado una polarización en el país y que finalmente si las personas que llegan nuevamente a tomar el gobierno no lo hacen con el ánimo de ayudar y de mejorar la situación si no todo lo contrario, para aumentar e implementar la polarización, de imponer sus ideas, esto lo que va a hacer es seguir elevando los niveles de corrupción y de violencia en Colombia.

 

“Un Estado sin justicia, una sociedad que no crea en sus jueces está llamada  o condenada de por vida a la guerra, a la “Ley del Talión”, a las venganzas por mano propia.”

Víctor Hugo Hurtado Cortés

Víctor Hugo Hurtado Cortés

 

 

 

 

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