Víctor G. Ricardo
Víctor G. Ricardo

Víctor G. Ricardo: “La paz no es solamente el silencio de los fusiles”

Más de medio siglo ha tenido presencia la lucha insistente, sangrienta y dolorosa entre el gobierno y las guerrillas colombianas.

En otro tiempo, intentos fallidos en negociaciones con la principal organización guerrillera de Colombia, las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ahora cómo partido político (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) otrora señalados por la Unión Europea (UE), como terroristas, ahora ha tomado otro rumbo más esperanzador, que llama, invita y convoca a esa paz por tanto tiempo esquiva.

Diversos personajes han protagonizado esta escena todavía perenne en la cotidianidad colombiana, uno de ellos, sin duda alguna, es Víctor G. Ricardo. Su rol en el fracasado proceso de paz en la administración Pastrana cómo Alto Comisionado para la Paz y sus diversas funciones diplomáticas y políticas, le dan el peso suficiente para opinar de un tema que sigue despertando rencores, discordias y fragmentaciones, en un país cada día más polarizado en el que lo dilatado, lo borroso y lo sucio, siguen empantanando ese rumbo de esperanza en un proceso de paz, que no encuentra ni siquiera en el perdón, los pasos que se necesitan para esa ansiosa reconciliación.

 

 

 

Por: Germán Posada

germanposada77@gmail.com

 

 

 

 

G.P.: ¿Qué lo hace tan sumamente positivo pensar en la paz para Colombia?

V.G.R.: Yo creo que 52 años de vida de conflicto armado con las Farc evidentemente cuando uno mira y los resultados de ese conflicto con sus cientos de miles de muertos, creando pobreza y cultura de violencia en las distintas regiones del país, hacen que el encuentro frente a la solución de un conflicto armado fortalezca las esperanzas y abra los espíritus para una nueva cultura de paz y para poder lograr que nuestros hijos y nuestros descendientes no vivan en el periodo que a nosotros nos ha correspondido vivir.

Por supuesto una paz sólida, duradera, debe enmarcarse en tres principios fundamentales: la justicia, la verdad y la reparación. Debe hacerse de manera que no sea una política de gobierno si no una política de estado de tal manera que todos nos sintamos representados en una solución. La paz no solamente es el silencio de los fusiles si no la acción del estado en materia de construir alternativas que permitan mayor equidad, acceso a la educación, acceso a la vivienda y por supuesto a un desarrollo equilibrado de la nación.

 

G.P.: ¿Los colombianos nos equivocamos cuando pensamos que los problemas de Colombia son sólo las FARC?

V.G.R.: Yo creo que las Farc es un problema que ha producido violencia, crueldad, sobretodo en algunas regiones del país, pero el problema fundamental de los colombianos es la viabilidad o la concientización que tiene que tener los distintos gobiernos que se requiere acercar el abismo que hay entre el campo y la ciudad. Para que haya un desarrollo armónico de las distintas regiones de país tenemos que derrotar la corrupción, la impunidad, todos esos elementos hacen que no haya una paz verdadera, por eso digo que la paz no es solamente el -silencio de los fusiles- sino la construcción de naciones, incorporando al pueblo colombiano en el desarrollo armónico y sobre todo en los valores de la ética y la moral.

 

G.P.: ¿Estos dos temas los la impunidad y la corrupción le han quedado grandes al país?

V.G.R.: Es indudable que durante muchos años se han venido enriqueciendo personas con el manejo de la “cosa pública” y que todos los días uno escucha escándalos en una empresa, en un área diferente, últimamente incluye la rama judicial que hace que se tienen que convocar no solamente a discursos de en contra de la corrupción, si no acciones concretas y a sanciones efectivas. Que no se quede en el anuncio de que se descubrió una corrupción si no que se hagan las investigaciones respectivas y hayan responsables. Si en Colombia no hubiera habido la corrupción existente muchas reformas tributarias no hubieran sido necesarias porque son muchos los billones que han pasado del bolsillo de los colombianos a bolsillos particulares y son muchas las personas que en esta materia todavía no han recibido la aplicación de la debida justicia. El servicio público no debe ser el ejercicio de personas que lleguen a obtener privilegios si no que vayan a servirle a la nación.

 

G.P.: Muchos coinciden en decir que a las FARC se les han dado muchas concesiones que no deberían tener. ¿Ha sido dadivoso el gobierno de turno con ellos?

V.G.R.: Yo pienso que más grave que el mismo acuerdo, es la implementación del mismo. Poe ejemplo, cuando usted instaura una justicia de paz, una justicia transicional, es evidente que hay que respaldarla en el marco de que se está buscando una solución política. Que el estado no logró la derrota total de la guerrilla y que por lo tanto la salida política debe instrumentar instituciones que permitan solamente en aras del interés supremo de la paz, aplicar justicia, si no la especial. Pero hay cosas que son inentendibles por ejemplo que usted libere a todas las personas antes de que el tribunal encargado de aplicar la justicia lo haga, eso crea dudas en la comunidad.

 

G.P.: Una negociación que interesa tanto a Colombia tiene que ser muy clara para todos.   ¿Cómo confiar en una negociación cuando se notan cosas que no son del todo claras, una de ellas que las FARC no participarían en actividades políticas y hoy tienen a un candidato a la presidencia?

V.G.R.: Es que precisamente otra de las cosas que crea muchas dudas y que ha generado mucha incredibilidad en el proceso son las contradicciones que se hacen. El presidente ofrece una cosa y finalmente sale otra. El presidente manifiesta que no habrán por ejemplo personas que estén pendientes de problemas judiciales que puedan elegirse pero a su vez están inclusive patrocinando que se lancen quienes en este momento todavía tienen procesos pendientes. El problema es de claridad. El país se siente engañado porque oye una cosa y ve otra. Eso es muy grave porque eso en vez de consolidar y buscar respaldo al proceso lo que hace es crear falta de credibilidad en el mismo. Soy un convencido que lo que hay que hacer es hablar con la verdad. Y no solamente en el aspecto judicial si no desde el punto de vista de la transparencia  de las acciones y de las sanciones.

 

G.P.: Millones están viendo a una Colombia futura  como una Venezuela actual.   ¿Se llegaría a este extremo?

V.G.R.: Yo pienso que el ejemplo de Venezuela para Colombia es un recordatorio permanente de que precisamente tenemos que evitar ese camino. Independientemente de Venezuela que es como cuando usted le pinta el diablo al vecino, para mi tenemos que pensar en nosotros mismos independientemente de Venezuela, lo que no puede haber más cabida es a la corrupción reinante que hoy pareciera que ha llegado a su máxima expresión cuando ya tocó las altas cortes. Lo que no podemos es continuar aceptando que se digan mentiras a la opinión que se va a hacer y se haga lo contrario. Lo que no podemos hacer es que la inversión pública solamente sea para algunas regiones en contra de aquellas olvidadas porque lo que estamos generando en este momento es desigualdad y falta de equidad. Lo que no podemos decir es que tenemos justicia pero no vemos sentencias. Lo que no podemos es aspirar a tener un país mejor que el del lado que está peor. No. Tenemos que ser mejor que los mejores. Tenemos que construir un país donde la verdad impere. Donde la justicia funcione y donde los valores éticos y morales construyan sociedad.

 

G.P.: ¿Qué pasó con el desarme en las FARC cuando todavía se observan integrantes de esta guerrilla armados?

V.G.R.: La solución política del conflicto tiene que ser sobre un elemento muy transparente que es en vez de que maten  o se escuchen los fusiles más bien que se escuchen las ideas, los pensamientos y que en vez de que las ramas truenen, ellos busquen los escenarios políticos para expresar sus ideas y presentarle al país sus pensamientos. De manera que desde ese punto de vista no nos debe aterrar, lo que si debe sorprender es que el pacto que se le dijo al país que se iba a hacer sea distinto al que se está aplicando. Si se dijo por ejemplo que antes de que las personas vinculadas a delitos atroces no podían ser elegidas pues no puede usted darle paso a que sean elegidas sin ni siquiera estar funcionando la justicia transicional. Por eso repito que mas grave que el acuerdo es la implementación y en ella creo que ha faltado decirle al país de manera franca que es lo que se quiere y de esta manera el país sabe a qué se atiene. Lo que genera esa falta de credibilidad es la permanente contradicción entre un gobierno que dice una cosa y hace otra.

 

“Lo que no podemos es continuar aceptando que se digan mentiras a la opinión que se va a hacer y se haga lo contrario. Lo que no podemos decir es que tenemos justicia pero no vemos sentencias. Lo que no podemos es aspirar a tener un país mejor que el del lado que está peor.”

Víctor G. Ricardo.

Víctor G. Ricardo.

 

G.P.: Su posición  y actividades en la política han sido de alto riesgo para su vida y su familia. ¿Por qué le gusta tanto esta actividad?

V.G.R.: Me apasiona poder dejarles a mis hijos un país más vivible, un país más armónico. Un país en donde impere el orden, la justicia, donde la educación sea valorada y donde los valores éticos y morales se impongan. Me apasiona que mis hijos o mis descendientes no digan que quienes tuvimos una responsabilidad histórica hemos sido inferiores a la responsabilidad que nos tocó vivir, es decir, ahora presente. Me apasiona mi país y me apasionan todos los colombianos que lo habitamos para poder construir una nación mejor para el futuro de nuestros hijos y nuestros herederos.

 

G.P.: ¿De las amenazas  que ha recibido cuales le han hecho sentir más temor?

V.G.R.: Yo he recibido varias y he tenido momentos muy difíciles. He recibido varias advertencias. He tenido momentos complicados en esa materia. Tuve que tomar medidas incluso de garantías a mi familia sacándola del país pero nunca me he amedrentado frente al objetivo que yo he tenido. No voy a construir una frase de cajón como “primero mi país aunque pierda mi vida” porque eso sería simplemente una frase romántica pero poco real. Uno tiene que cuidar su vida pero nunca dejarse amedrentar por los temores de las amenazas o de las acciones contra su vida. Tomar las medidas preventivas pero que permitan que los objetivos malsanos no logren sus metas. Todo esto sin cobardía, porque cuando en la vida pública uno actúa con cobardía realmente no puede consolidar un objetivo ni llegar a una meta propuesta.

 

G.P.: ¿En 1997 casi muere en un accidente de helicóptero, se encomienda a alguien en especial cuando va a volar?

V.G.R.: Si. Yo siempre me encomiendo a Dios. Le pido a Dios que me proteja en los viajes que inicio y que me proteja en el regreso durante el transcurso y que proteja mi familia igualmente. Soy creyente y a veces uno es injusto porque solamente se acuerda de Dios en los momentos de dificultad pero en mi caso aunque no soy el ser fervoroso de estar permanentemente en la iglesia rezando si debo confesar que rezo y lo hago por mi familia, rezo por mi país y rezo por mi vida.

 

G.P.: ¿Por qué en algún momento opinó que el ex-presidente Álvaro Uribe Vélez también merecía el premio Nobel de Paz? ¿No cree que fue atrevido con esta declaración?

V.G.R.: Yo lo que creo es que este premio de paz se lo merecen muchos colombianos que han trabajado por ella. Cuando hablé de que el premio de paz debía ser compartido lo hice en el sentido de exteriorizar que la paz no solamente es una política de un gobierno si no una política de estado de varios gobiernos. Algunos que hicieron acciones que son criticables por algunos y por otros aplaudidas, no quiere decir que no hayan sido parte del proceso. Por eso decía yo que sin Caguán no habría habido seguridad democrática y sin seguridad democrática no habría habido un proceso de paz actoral. Y para hablarlo con nombres, pues sin Pastrana no hubiera habido Uribe y sin Uribe no hubiera habido Santos. Más que decir que deberían darle el premio a los trés (Pastrana), lo que yo dije fue que la paz era una política de estado y que eran muchos los colombianos vinculados a la misma. Como en todas las cosas, hay gobiernos que hay que aplaudirles unas acciones y por supuesto castigarles otras y sobre esa materia yo no quiero tender un manto de olvido pero si lo que quiero decir es que para que la paz sea sólida tiene que ser una paz de todos.

 

G.P.: ¿Bala por parte de la guerrilla, bala por parte del gobierno, es hora de encerrar el pasado y por doloroso y triste que haya sido abrirle un espacio a la esperanza por la paz?

V.G.R.: Soy un convencido que hay que defender la paz. Que hay que defender el objetivo de la reconciliación. Que hay que defender que la paz se implemente en forma que sea durable, sostenible y solida. Creo que Colombia perdió mucho en 52 años y desangró mucho su nación en vidas, en desarrollo, en preparación y no podemos continuar por esa vía. Habrá que hacer ajustes a los pactos pero consolidar la paz y no acabarla.

 

G.P.: ¿Cree que perdonar es el paso más difícil y quizás complicado que no logramos dar para la búsqueda de la paz?

V.G.R.: No solamente hay que desarmar a los hombres de las armas si no desarmar los espíritus que permitan realmente el perdón más no el olvido. Yo no digo que haya que olvidar pero si hay que perdonar para poder construir, si no se perdona pues evidentemente cualquier solución que se busque puede inclusive acabar un conflicto pero iniciarse otro. Por tanto el perdón debe ser la base fundamental de la reconciliación pero bajo los tres elementos que mencioné de justicia, verdad y reparación.

 

G.P.: ¿Usted ya perdonó a quienes lo han amenazado?

V.G.R.: Yo ya he perdonado a quienes en varias ocasiones quisieron intentar contra mi vida. Eso no quiere decir que me olvide de ello, ni quiere decir que deje de tomar medidas porque no sé si todos ya hayan olvidado esa intención o algunos permanezcan con ella. Independientemente de eso lo que no me van a quitar es mi decisión totalmente solidaria en la búsqueda de la paz que sea durable, sostenible, verdadera y que sea trasparente.

 

G.P.: Se acerca la navidad. ¿Orará por la paz de Colombia?

V.G.R.: Voy a orar por la paz de Colombia. Voy a orar por los colombianos y voy a orar por nuestra Colombia. Voy a orar para que recuperemos los valores perdidos. Voy a orar para que los corruptos sean castigados. Voy a orar para que nuestros hijos tengan un país donde impere la justicia y la equidad social. Voy a orar para que las polarizaciones que hoy tenemos de egoísmo se transformen más bien en debate de las ideas y no de los odios. Voy a orar para que mis hijos tengan un mejor país.

 

 

 

 

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