René Gamboa. Cortesía: René Gamboa.
René Gamboa. Cortesía: René Gamboa.

René Gamboa: “Colombia me vio nacer y Francia me vio crecer”

Encomiable el espíritu de amor a Colombia del aplaudido barítono internacional tolimense, Maestro René  Gamboa, quien con una brillante carrera artística de más de 50 años en los mejores escenarios de Europa y el mundo, y alternando con grandes figuras del canto como Luciano Pavarotti, José Carreras, Alfredo Kraus y Placido Domingo, ha sacado tiempo de sus ocupaciones en París donde reside, para promover incluso con sus propios fondos la música de la patria y en especial de su terruño que lleva en su corazón, y dejar al mundo  un testimonio de amor a Colombia con su arte y su voz incomparable, plasmada en un reciente Cd de su propia producción.

Integrante del famoso y recordado “Quinteto Dalmar”, René Gamboa viajó siendo muy joven becado por el gobierno de Francia, para después recorrer el mundo obteniendo numerosas distinciones, doctorados “honoris causa” y  el “Premio especial del Canto Francés” en la famosa Sala Cortot de París, siendo recientemente designado como uno de los “Cien Colombianos más destacados en el exterior”, pese a ser casi un desconocido en su propia tierra colombiana.

Esto me contó este gran artista.

 

 

 

Por: Germán Posada

Germanposada77@gmail.com

 

 

 

G.P.: ¿Qué le incentivó su amor por el canto?

R.G.: Yo pienso que las pequeñas tertulias que los abuelos hacían después de cenar, a la luz de la luna, de una vela o una lámpara de gasolina, tuvieron mucho que ver, había siempre alguien que charrasqueaba el tiple o la guitarra y cuando se acordaban que yo estaba por ahí, decían: “que cante el niño, que cante Renecito”.

 

G.P.: ¿A qué edad recuerda haber comenzado a cantar?

R.G.: Desde muy niño y por los siete años el sacerdote del pueblo que venía de cuando en vez a almorzar a la casa los domingos después de la misa, me escucho cantar entre los matorrales, y les dijo a mis padres que yo tenía bonita voz que me dejaran ser monaguillo pues no había a parte de la asamblea nadie que le respondiera en las misas cantadas. Ser monaguillo era muy intenso y mi alegría fue inmensa. Rápidamente comencé a responderle en latín, pues de escuchar a los mayores que en ese tiempo eran muy fervientes y que cantaban en latín, ya conocía gran parte de la misa. Esta experiencia creo que fue definitiva para seguir cantando todo lo que se presentara.

Pero cantar seriamente fue a eso de los 18 años cuando conocí a mi profesor de canto, Luis Carlos García Gómez, quien me enseñó las primera arias de operas de Mozart y a Julio Sánchez Vanégas, quién me apoyó con su programa de televisión.

 

G.P.: ¿Qué cantantes escuchaba que le sirvieron de inspiración?

R.G.: Tenía 12 años cuando escuche la magistral interpretación del bolero “Te odio y te quiero” por el gran barítono Quilichaleno Luis Ángel Mera Samaniego (q.e.p.d) y me impactó de verdad al punto que no cantaba otra cosa. Más tarde cuando conocí a mi maestro de canto el barítono Luis Carlos García Gómez y que comencé a estudiar con él, escuchaba a Robert Merril, Leonard Warren, a quien vi morir en la escena del Metropolitan Opera House de Nueva York, cantando “Urna Fatala del mio destino” de la ópera “La fuerza del Destino” de Verdi, Carlos Julio Ramírez, etc.

 

G.P.: ¿En su casa lo apoyaron o en algún momento le insinuaron que se dedicara a otra cosa?

R.G.: A cantar no, pues no era una profesión para vivir de ella. Era para animar las reuniones de familia y amigos. Mi viejita quería que estudiara medicina, pero los medios no lo permitían. Estudiar medicina era totalmente ilusorio. Ella hubiera sido muy feliz cuando en el pasado mes de marzo me otorgaron, “El Doctorado Honoris Causa 2017” de la “Fundación Educativa Tomás Moro” y que con presentación de mi admirador y amigo el Dr. Fabio Becerra Ruiz, me llamaron doctor.

 

G.P.: ¿Terminó sus estudios en Contaduría?

R.G.: No, no tuve tiempo, al mismo tiempo me encontré en la Emisora Nuevo Mundo con el tenor Hernán Quintero, sobrino de Carlos Julio Ramírez, que me propuso de audicionar para el maestro Alvaro Dalmar (q.e.p.d.) y su famoso “Quinteto Cinco Estrellas”.

 

G.P.: ¿Cómo se sintió siendo miembro del “Quinteto Cinco Estrellas”?

R.G.: Como un verdadero artista. Muy alagado de hacer parte de tan famoso grupo y sobre todo que cayó en muy buen momento porque la situación era difícil, ya era casado, teníamos una niña y las serenatas no pagaban mucho y sobre todo no era nada valorizante para los artistas. Álvaro aparte de ser un gran músico era un gran ser humano.

 

G.P.: Su primera gira en Europa fue en 1964. ¿Qué experiencia le dejó?

R.G.: Descubrir el viejo continente era un sueño. Palpar su historia, su arte, sus lenguas, sus costumbres,  su gente fue increíble. Con Yolanda mi esposa soñábamos de volver un día, a la ciudad Luz, Paris, pero todo era sueño, sueño que el destino quiso que realizáramos 4 años más tarde en 1968 para cantar en esos teatros y realizar conciertos de renombre internacional.

 

G.P.: ¿A quién de sus mentores destacaría especialmente por su evolución en el canto?

R.G.: Primeramente, a mi maestro Luis Carlos García (q.e.p.d.) en Colombia, que me legó su saber y al maestro Pierre Bernac de la Escuela normal de música de Paris, a donde llegué becado por el Gobierno Francés y donde me otorgaron una Licencia de Interpretación de Arte Lírico.

 

G.P.: ¿Instalarse en Francia fue clave fundamental para su éxito en su carrera artística?

R.G.: Si claro, en Europa la situación es diferente. Hay teatros, hay público y hay un reconocimiento de valores. No quiero decir que es muy fácil. Hay mucha competición, pero se puede vivir de su sueño. Francia me otorgó la beca de estudios y me dio la oportunidad de estudiar, trabajar y educar a mis hijas, claro con la ayuda infatigable de mi querida esposa, Yolanda Beltrán.

 

G.P.: ¿Cuándo comenzó a tener reconocimiento por su talento vocal en Europa?

R.G.: En los años 70, ya había comenzaba a competir en los concursos nacionales e internacionales de canto donde obtuve algunos premios que me fueron dando categoría y reputación.

 

G.P.: ¿Cómo se dio que llegara a ser parte de la Opera Nacional de Paris?

R.G.: Es muy difícil. En la lírica todo se pasa por concurso o audición. Hoy estás bien y  de pronto mañana día de la audición estás resfriado, el tren pasó y te quedaste. Se presentó la ocasión y mi maestro en Francia me aconsejo de concursar y con un miedo increíble me presente y casi un año más tarde me propusieron de trabajar con ellos.

 

G.P.: ¿Qué se siente compartir escenario con grandes como Pavarotti, Placido Domingo y Alfredo Kraus, entre otros?

R.G.: Uno se siente chiquito pero grande al mismo tiempo al lado de esos gigantes del Arte Lirico. La satisfacción fue infinita y la experiencia inolvidable, cuan más grandes son, su sencillez es mayor. Es una experiencia que sólo se puede vivir en Europa y aunque no sea si no una sola vez vale la pena vivirla.

Foto cortesía: René Gamboa.

 

G.P.: ¿En cuál de las famosas obras en las que ha actuado destacaría que se haya sentido en su plenitud como artista?

R.G.: En el rol de “Fígaro” de “Las Bodas de Fígaro” de Mozart.

 

G.P.: ¿En Colombia destacaría alguna voz en particular en este estilo musical?

R.G.: Andrés Felipe Agudelo, tenor, Christian Díaz, bajo.

 

G.P.: Interpretar “Safo o los riesgos de la Gloria” es de gran significado para usted. ¿Por qué?

R.G.: Primeramente es una obra de Massenet, gran compositor francés y el rol que me propusieron fue el del artista pintor Caudal, que tiene frases muy lindas y además he sido un amante a la pintura. Grabar para el Sello EMI Internacional de Pathé Marconi, no es nada fácil y aún más cantar al lado de la gran soprano Renne Doria, que éxito.

El maestro antioqueno Otto de Greiff, en una entrevista me comento que él era un gran admirador de Renne Doria. Además humildemente pienso que soy el primer colombiano a grabar una ópera francesa, en Francia como también uno de los pioneros del Arte Lirico Colombiano.

 

G.P.: ¿Qué recuerdos siguen intactos de su tierra natal Honda?

R.G.: Los amigos el Colegio. Mi vida de estudiante en el Colegio Nacional General Santander, aunque pobre fue fantástica e inolvidable. Sus paisajes, la subienda, el sentarse en una piedra bajo un sol candente a orillas del Magdalena a escuchar rugir sus aguas contra las rocas en el Salto, es impresionante. Teníamos un programa cultural en la Radio Ondas del Tolima y por supuesto una parte musical donde quien cantaba era su persona, los boleros de la época, entre ellos “Te odio y te quiero” que interpretaba Luis Angel Mera (qepd). La lírica fue más tarde.

 

G.P.: Ha declarado que le gustaría compartir su experiencia con talentos de Colombia. ¿Tiene planes concretos con esto?

R.G.: Si claro sobre todo en la enseñanza, he constatado que mi tierra es rica en talentos y que se pierden por falta de apoyo del gobierno y de enseñantes. Con medio siglo de vida en Europa pienso que podría aportar algo al arte en Colombia. Tuve en el 2003 una experiencia muy bonita en Neiva donde el señor gobernador del Huila que me escuchó cantar el Réquiem de Mozart en la iglesia de la Magdalena en Paris, me pidió de montar una obra lírica para su programación “Opera para todos”. Hice una transposición de “Bodas de Fígaro” de Mozart de España al Huila con decorados y vestuario totalmente folclórico son la soprano colombiana Mercedes Guerrero y otros. Yo interpreté Fígaro evidentemente más los recortes musicales y la puesta en escena.

 

G.P.: ¿Cómo va su proyecto musical en el cual trabaja actualmente?

R.G.: Siempre había querido grabar algunas canciones de nuestro folklor pero no se había presentado la ocasión. Un gran amigo tenor de Medellín me puso en contacto con el Maestro Juan Carlos Gaviria y por teléfono, escogimos el programa, hizo los arreglos y grabó las pistas. Yo programé un viaje a Colombia e hice un saltico a Medellín y en dos noches grabamos como 16 números incluyendo 2 tangos y 2 pasajes. Hay composiciones del Maestro Dalmar, José A. Morales, Gardel, Rodrigo Silva, Briceño y otros. La carátula esta en preparación.

 

G.P.: ¿Siente que en Colombia se le ha dado el justo reconocimiento a su éxito en el exterior?

R.G.: No sé y no me ocupo mucho de esas cosas. Pero pienso que en parte, pues he estado tanto tiempo fuera del país, que la gente se olvida fácilmente.

 

G.P.: Ha sido seleccionado como uno de los cien colombianos más destacados en el exterior. ¿Qué puede expresar al respecto?

R.G.: He hecho mi trabajo con mucho amor y si volviera a nacer haría lo mismo con más firmeza. Para mí el haber sido seleccionado como uno de los 100 colombianos más destacados en el exterior del 2013, fue una gran sorpresa y recibir este reconocimiento con beneplácito en el Palacio de Nariño de manos del señor presidente Juan Manuel Santos.

 

G.P.: ¿Qué sentimiento le expresa ser un colombiano de éxito en el exterior y de representar tan bien nuestro país?

R.G.: Un sentimiento de gran satisfacción a causa de todo lo malo que los medios de comunicación exprimen en contra de nuestro país. Pese a todo lo malo que se ha hablado de Colombia a causa de la droga y de la violencia siempre me he sentido muy orgulloso de ser colombiano y nunca he pasado la ocasión de sostenerlo, de defender la tierra que me vió nacer, de regresar a pisar nuestro suelo, ver y disfrutar de ese hermoso país que no tiene igual en el mundo y sobre todo gozar del contacto de nuestra gente acogedora y sencilla.

 

G.P.: ¿Qué significan en su vida Colombia y Francia?

R.G.: Colombia me vio nacer y Francia me vio crecer. Los dos países los quiero igual y hacen parte integral de mi vida y de la vida de mi familia.

 

G.P.: ¿Por qué prefiere quedarse en Francia?

R.G.: Después de haber perdido todos mis seres queridos mi universo gira en Francia alrededor de mi familia, mis amistades y del arte. De mi esposa, Yolanda Beltrán, que me acompaña y me apoya desde hace más de medio siglo, de nuestras tres hijas Viviane, Diana e Ingrid y nuestras cinco hermosas nietas.

 

G.P.: Muy amable Maestro.

R.G.: A ti, muchas gracias. Muy cordialmente desde Paris.

 

 

“He hecho mi trabajo con mucho amor y si volviera a nacer haría lo mismo con más firmeza”.

 

 

 

 

 

 

 

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