Alfonso Lizarazo.
Alfonso Lizarazo.

Alfonso Lizarazo: “Un día sin risa es un día perdido”

Del extraordinario Alfonso Lizarazo muchas cosas obligatoriamente habría que contar y para considerable misión no bastaría una, ni dos horas, quizás ni un día, tal vez mucho, pero mucho más.

Los más conocedores muy seguramente tendrían más que preguntar pero a mí que también me gusta indagar, me conmovió en el alma el haber podido conversar por tan sólo unos minutos con esa imagen sonora que a través del teléfono, me transportó velozmente  a esa sonrisa cálida, transparente y honesta, que me quedó grabada desde mi niñez cuando mis padres y hermanos nos sentábamos sagradamente frente al televisor a cumplir la cita con aquellos “Sábados Felices”.

Sin esperar mi llamada, sencillo, sin improvisar no poder atenderme, muy noblemente se dispuso a responder a mis inquietudes cómo si se tratara de aquel viejo amigo al que hacía un buen tiempo había dejado de escuchar.

 

 

 

Por: Germán Posada

Germanposada77@gmail.com

 

 

 

G.P.: ¿Cómo se encuentra de salud?

A.L.: Gracias a Dios bien. Con gripitas permanentes pero ahí vamos saliendo adelante.

 

G.P.: ¿Está completamente desvinculado de los medios?

A.L.: No. Yo sigo vinculado pero no permanentemente. Lo que hago es esporádico.

 

G.P.: Yendo al imaginativo… ¿De las profesiones a las cuales aspiraba (ingeniero, abogado, vendedor) con cuál de ellas consideraría se hubiese identificado mejor si no hubiera incursionado en los medios?

A.L.: Yo creo que ingeniero porque siempre he estado haciendo  y construyendo cosas. A mí me encanta estar haciendo cosas siempre nuevas y estar en el campo creativo.

 

G.P.: ¿Qué representó en su vida profesional Julio Nieto Bernal?

A.L.: El fue mi padrino principal. En esa época recuerdo que su trabajo era el de editor. Cómo pasado mío fue la persona que me sirvió de contacto para que me dieran trabajo en Caracol Radio y después yo ya pasé a Caracol Televisión en donde fui uno de sus iniciadores.

 

G.P.: ¿Por qué aceptó en su momento dirigir gratis el programa Estudio 15?

A.L.: Para empezar. A Caracol le habían dado un espacio musical pero no sabían que iban a hacer y yo fui asignado para el proyecto. Comencé con “Radio 15” en radio y luego lo pasé a televisión. Así fui asimilando la parte musical que hacía en radio y la pasé en televisión y parece que gustó porque tuvo bastante éxito.

 

G.P.: ¿”Sábados Felices” se inició como “Campeones de la Risa”?

A.L.: “Campeones de la Risa” no lo hice yo. A Caracol le dieron un espacio en una licitación que concedió Inravisión y era para hacer humor. Ese espacio lo comenzaron manejando “Montecristo” y “Los Tolimenses” que era los humoristas famosos de Caracol Radio por aquella época. A los dos meses renunciaron porque opinaron que el trabajo era mucho, que consumía demasiado material y sintieron miedo de que su repertorio se acabara. A mí me llamaron de Caracol y me dijeron: “Invéntese cualquier cosa que tenga humor y háganos ese espacio porque si no lo llenamos Inravisión nos lo cobra de todas maneras” . Yo acepté pero con la condición de que fuera con música y me dieron el aval. A mí se me ocurrió “Sábados Felices” que incluía cantantes y comencé a convocar gente que tuvieran sentido del humor para que hicieran “castings”  y fui lanzando los cómicos. Hasta la persona que nos embolaba los zapatos a la entrada  de Caracol que era “El Mocho” Sánchez, que lo vi contando un chiste me lo llevé y lo convertí en una figura del humor y así fui sumando gente hasta que formamos un grupo grandísimo que pudimos llegar hasta 15 años haciendo “Sábados Felices”  y ya luego vinieron los cambios hasta la actualidad que lleva unos 45 años al aire.

 

G.P.: ¿Qué significó en su vida “Sábados Felices”?

A.L.: Fue un éxito. Una labor cumplida porque de todas maneras hay una cosa muy importante en la vida que es la risa. Un día sin risa es un día perdido y si nosotros lográbamos hacer todos los sábados un programa de humor que reunía a toda la familia para reírse y a los niños para los que también teníamos segmentos, era una gran tarea. Todo eso fue lograr hacer algo para la audiencia.

 

 

“Fue muy lindo poder tener siempre un programa que le llegaba a todas las familias del país.”

Alfonso Lizarazo y el elenco de “Sábados Felices”

 

G.P.: ¿Considera que de su época a la actual los “Sábados Felices” siguen siendo felices?

A.L.: No sé. Siguen contando chistes a través de skechts. En mi época a los humoristas que contaban chistes se convertían en actores y la gente se fue preparando para actuar el chiste no sólo contarlo. Eso por un lado. Cuando yo me retiré al despedirme de un dirigente de Caracol le sugerí que siguieran con la campaña “Una escuelita en tu corazón” y me respondió que eso quitaba mucho tiempo y que no daba plata y no siguieron haciéndola. Debo decir que esta campaña siempre le dio sintonía al programa.

 

G.P.: Usted es pionero indiscutible en los formatos de humor en la televisión colombiana.  ¿Qué sentimiento le deja haber realizado tan admirable labor y con tan inmenso éxito?

A.L.: ¡Uy! Para mí esto ha sido de las cosas más lindas que me han podido pasar. Yo siempre empezaba el programa diciendo “Un pueblo sin escuelas es un pueblo sin futuro lleva una escuelita en tu corazón” y empecé a hacer giras por las ciudades en donde nos ayudaban a hacer una escuelita y así “Sábados Felices” se convirtió en un programa que logró hacer  cerca de 60 escuelas en el territorio colombiano con la campaña “Lleva una escuelita en tu corazón” contando chistes. Inclusive hace unos dos años que me encontré con un señor cerca al hotel Tequendama  me preguntó: ¿Usted es Alfonso Lizarazo?… Yo estudié en una escuelita que usted hizo en mi pueblo. Entonces sí hizo muchas cosas el humor que hicimos con “Sábados Felices”.  Yo recibía cartas de todo el país. De todos los departamentos me invitaban a visitar a la gente porque todos los sábados se reunían las familias desde el niño más pequeño hasta el abuelito para ver el programa. Fue muy lindo poder tener siempre un programa que le llegaba a todas las familias del país.

 

G.P.: Considerado en su momento como el mejor disc jockey del país. ¿Cómo lo logró?

A.L.: Ese fue el primer premio que yo me gané en la vida. Caracol me dio el premio al mejor disjockey cuando era el director del programa de Radio 15 inicialmente en radio y luego se extendió  a  Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. De todas partes pedían programación juvenil es. Eran emisoras para quinceañeros, especialmente para rockeros y estábamos viviendo justamente el cambio cultural del medio siglo que fue la música del rock la que se impuso en todo el mundo. Y por eso Radio 15 fue un éxito fabuloso. Recuerdo que todos los días se escuchaba “Ya están sobre Bogotá los platillos voladores R15… sobre Medellín… sobre Barranquilla…”, en todas partes escuchan los platillos voladores que era la música que yo proponía desde la radio.

 

G.P.: ¿El lema  ”Lleva una escuelita en el corazón” que tanto lo lleva en su corazón?

A.L.: Totalmente. Es que yo estudié en una escuelita de Bucaramanga que se llamaba “República del Ecuador” y sé que  muchas personas no tienen los recursos para ir a un colegio. Esto es lo mejor que le podemos dar a la gente. Ayudar a los pueblos. Si hay una escuelita  que reciba cien niños hay que ayudarle para que reciba doscientos. Eso me pareció muy lindo poder ayudar a la gente a estudiar. A mí me parece que lo más importante del ser humano es tener acceso a la educación.

 

G.P.: ¿Considera el 13 de noviembre de 1994 como la peor fecha de su vida?

A.L.: A mí me secuestraron cuando estaba precisamente promoviendo la campaña de las escuelitas en el pueblo último que visitamos cerca a las montañas del Quindío. Yo pensaba que era molestando. Que era un chiste y resultó que era de verdad. Indudablemente ha sido una de las fechas más dramáticas y tristes en mi vida porque uno que va a pensar que por estar ayudando lo van a secuestrar. Finalmente salí bien. Esta gente se portó bien conmigo y nos ayudaron. Se dieron cuenta que lo que hacíamos era bueno y su interés fue que lo siguiéramos haciendo.

 

G.P.: ¿Por qué le gusta tanto la canción “A mis amigos”?

A.L.: Los amigos son lo más importante. En un amigo puede estar el hermano más grande. Las personas que nunca pensamos encontrar en la vida o en la familia. A veces aparecen por la suerte porque el destino nos los da. Uno no tiene que buscarlos, aparecen de pronto y de pronto también dentro del trabajo mismo llegan los amigos y le ayudan a uno a salir adelante. El amigo hace mucha falta. Sobre todo los buenos amigos.

 

G.P.: Usted ha dicho que Dios le dio como misión en la tierra ayudar a la gente. ¿Cómo se siente con su misión?

A.L.: Muy bien. Porque yo creo mi Dios me dijo: “Ayúdame a ayudar” y yo lo que hice fue eso. Ayudar. Aquí hubo mucha gente que no tenía trabajo y yo le di oportunidades a la gente. Siempre era abrirle espacio a la gente. Como cómico, como cantante, como bailarín, etc…a todo el que iba llegando y tenía capacidad artística yo le ayudaba a salir adelante. Poder hacer esto fue muy lindo.

 

G.P.: ¿Cómo evaluaría su experiencia en política habiendo sido senador de la República?

A.L.: No digo que fue una experiencia espectacular pero si me enseñó a como se maneja la política y como debería ser. Mejor aún,  cuando uno no puede hacerla,  es mejor no estar en eso porque termina convirtiéndose en una persona que no ayuda al país. Hay políticos buenos y lamentablemente hay políticos malos. La gran mayoría están en búsqueda de negocios y de dinero. Yo no quise seguir en eso porque vi que lo que uno quería hacer por el país no se podía hacer desde allí. Finalmente resulta uno metido en muchos líos y muchas cosas que no sirven realmente para uno poder ayudar.

 

G.P.: ¿Qué añora de la radio y de la televisión que usted protagonizó en su época?

A.L.: Antes había un poco más de control de la televisión y de la radio. Antes cuando alguien decía  una vulgaridad  en un programa enseguida lo llamaban del Ministerio de Comunicaciones y podía ser castigada la persona con una sanción. Había que tener mucho cuidado con esto. Hoy en día en la radio y la televisión dicen lo que quieran. Todas las vulgaridades que quieran decir lo pueden hacer y no pasa absolutamente nada. Eso es lo triste. Yo nunca permití que dentro del humor que hacíamos se dijeran vulgaridades porque era un espacio familiar.

 

G.P.: ¿Luego de tantas faenas vividas en su carrera profesional y dejando un legado tan prestigioso en los medios de nuestro país que puede decirle a los colombianos?

A.L.: Que hay que trabajar por el país. Hay que hacer cosas por la gente. Hay que ayudar para que la gente cada día tenga más acercamiento al estudio y que se formen culturalmente con el deseo de compartir con el país todo lo que aprendan y que nuestro pueblo tenga la oportunidad de muchas cosas. La formación de la gente es muy importante. El entender en donde está parado. Saber cual y cómo es su país. Tener todas estas oportunidades es lo que hace que la gente pueda participar en lo que se quiera que participe. Mientras la gente sea ignorante y no sepa en qué país está viviendo y no se integre al país, es más difícil.

 

G.P.: ¿Cuál es su balance de tan exitosa carrera en los medios?

A.L.: Mi balance es que mi Dios me ha ayudado. Sin la ayuda del jefe, del de arriba, es muy difícil salir adelante. Y yo he atendido todo lo que me ha enseñado para hacer las cosas bien, para buscar hacer cada día lo mejor. No perfecto porque es imposible que los seres humanos tengamos cosas perfectas. Pero dentro de lo normal, de lo formal, de lo justo, de lo necesario, es importante que las cosas que uno haga le sirvan a los demás  y a nuestro país para que sea cada vez mejor. Por la oportunidad que mi Dios me dio en la vida siempre estaré agradecido

 

G.P.: Son tantas cosas que no nos alcanzaría el tiempo. Desea añadir algo más?

A.L.: Lo que quiero añadir con todo el corazón es decirle a usted muchísimas gracias por la oportunidad que me da, de decir las cositas, de lo que hemos hecho en la vida que no mucha gente tiene la oportunidad de hacerlo. Por esto le agradezco con toda el alma de verdad.

 

G.P.: Todo lo contrario. Soy yo quién se siente honrado con sus respuestas.

A.L.: Muy amable por acordarse de este servidor.

 

 

“Un día sin risa es un día perdido.”

 

Alfonso Lizarazo.