Gustavo Niño Mendoza
Gustavo Niño Mendoza

Gustavo Niño Mendoza: “Todo lo que hoy soy se lo debo a Dios y a mis padres”.

Comenzar el 2017 publicando una entrevista con el gran Gustavo Niño Mendoza es un hecho que me honra enormemente. Escuchar, dialogar y compartir, con una de las voces más prestigiosas de la historia radial colombiana, es sumergirse en lo más profundo de ese mar de sensaciones radiales que hicieron el deleite más sonoro de varias generaciones que tuvimos la dicha de vivir e imaginar a través de su voz la cotidianidad nacional.

Palabras más, palabras menos, “La Voz de Oro de Colombia” como se le distingue al maestro Niño Mendoza, es un inmenso calificativo que poco necesita presentación.

 

 

 

Por Germán Posada

Germanposada77@gmail.com

 

G.P.: ¿Maestro como recuerda sus inicios en la locución?

G.N.M.: Empecé muy joven, un peladito, inclusive muy niño. Mi hermano mayor estudió periodismo en la Universidad Javeriana y trabajó con varios medios de comunicación, agencias de noticias y fue profesor universitario. El me prendió ese deseo de que me gustara la radio. Yo era un niño de unos 7 años y él me llevaba a una emisora en Tunja, mi ciudad natal, que se llamaba Radio Boyacá. Allí inició también Yamid Amat.  Cuando la conocí me comenzaron a gustar los micrófonos, las consolas, el locutor que hablaba y yo me fui creando esa idea de la radio. Cuando tenía unos diez años recuerdo mucho que en el cuarto de -San Alejo- de mi casa habían unas victrolas viejas de mi padre y yo las organicé, mi padre conservaba unas cajas de agujas de esas victrolas y yo se las ponía y me hacia el micrófono con una escoba y comenzaba a imitar lo que había visto en Radio Boyacá. Así me empezó el amor por la radio y  la primera vez que tuve la oportunidad de ingresar a ella fue por allá en los años setentas en “Radio Única” en Tunja.  Allí comenzó mi carrera como locutor. Me acuerdo mucho que cuando hablé con el director de la emisora él me preguntó por mi experiencia, yo tenía 17 años, le dije que ninguna pero yo ya había practicado mucho en mi casa. Me pusieron a anunciar discos, rancheras, baladas y estuve unas 2 horas. “Usted tiene madera pero le falta mucho y además no puedo pagarle”, me dijo el director de la emisora y yo le respondí: “Yo le trabajo gratis”. Así trabajé  alrededor de cinco meses. Madrugaba a las cuatro a hacer “Buenos Días Boyacá”. Algún día cuando se retiró un locutor llamado Didio Emiro Peña Castellano yo lo reemplacé y comencé a recibir salario, recuerdo que eran  900 pesos mensuales.

 

G.P.: ¿Es verdad que tiene talento para el canto también?

G.N.M.: Yo creo que tengo talento para cantar, lo que pasa es que también tengo un defecto muy espantoso y es que mi memoria es terrible y se me olvidan las letras de las canciones.  Yo canto con cancionero en las manos (jajaja). Son muy pocas canciones las que me aprendí en mi adolescencia. Algunas de Sandro y otras de Leonardo Fabio, como “Hoy la vi”. Yo alcancé a cantar en Tunja con algún trío muy bonito que existía en esa época e hicimos algunas serenatas, recuerdo que Fany mi primera esposa en ese entonces mi novia me decía que no quería que fuera cantante porque me volvía un borrachín, pero muchos locutores también tomamos trago (jajaja).

 

G.P.: ¿A quién o quienes agradece por su carrera en la radio?

G.N.M.: Hay varios. El primero fue Héctor Velázquez Laos (q.e.p.d.) quién fuera un reconocido actor en nuestro país. El me dio la oportunidad de practicar la locución en “Radio Unica”. Clemente Jota Rodríguez Rojas, creador de una cadena de radio en Boyacá que se llamaba “El Grupo Libertadores de Emisoras”. El me colaboró muchísimo, creyó en mí y yo fui estrella en Boyacá en ese grupo de emisoras que era lo más famoso que había en el departamento entre 1974 y 1975.  Ya en Bogotá fue Enrique Paris Sarmiento (q.e.p.d) un gran creativo de la radio colombiana. Armando Osorio Herrera, quien me enseñó a leer noticias y por el cual yo estuve 24 años leyendo los noticieros más destacados de Caracol cuando los locutores se utilizaban para leer noticias. Jairo Tabón de la Roche creyó en mí y me promovió en Caracol.  A Yamid Amat y tantos que se me escapan.

 

G.P.: ¿Como se siente ser reconocido como “La Voz de Oro de Colombia”?

G.N.M.: Muy orgulloso y a veces un poco inmerecido porque hay   grandes locutores, grandes voces. Esto me lo dijo  Edgar Artunduaga a quién se lo agradezco infinitivamente.

 

G.P.: ¿Y usted que es admirado por su voz, a quién admira personalmente?

G.N.M.: La mayoría están fallecidos. Juan Harvey Caicedo, Alberto Piedrahíta Pacheco, Otto Greiffenstein,  Jaime Martínez Solórzano, Fernando Calderón España, Tito Martínez…Son muchos.  Hoy en día no reconozco voces,  he oído algunas en televisión que me gustan pero ni sé los nombres. Yo me quedé en mi época y admiro profundamente a la gente que me acompañó a mí.

 

G.P.: ¿La locución es una profesión o un oficio?

G.N.M.: Yo creo que la locución es más que todo un instinto antes que profesión u oficio. Así como lo tuvo Ludwig van Beethoven para la música o para la pintura nuestro querido maestro Fernando Botero. Es un talento que hay que explotarlo y volverlo profesión. El gobierno colombiano nos lo volvió oficio porque nos quitó la licencia de locutor como les quito también la licencia a los periodistas. La locución es un instinto que lo profesionalizamos con calidad los que tuvimos la oportunidad de hacerlo.

 

G.P.: ¿Maestro entonces esa licencia de locución hace realmente la diferencia entre un buen locutor y otro que no lo sea?

G.N.M.: Es completamente relativo porque pienso que cuando existía la licencia también había personas que la adquirían muy fácilmente sin tener las calidades y las cualidades para ser locutor. Pero hoy en día sin licencia se ha convertido en un problema más grave. Hoy en día el locutor es cualquier persona. Gente que ni siquiera se sabe expresar, que cometen errores gramaticales de la sintaxis. En resumen pienso que la licencia si fue muy importante.

 

G.P.: ¿La locución es sólo para aquellos timbres de voz grave, fuerte?

G.N.M.: No solamente para las voces gruesas. Yo creo que hay voces que no necesariamente necesitan ser potentes. Hay voces agradables, que respetan la pronunciación, el idioma, el orden gramatical. Conozco muchos colegas que se me olvidó nombrar que no tuvieron esas voces pero que fueron muy respetuosos de la locución.

 

“La locución es un instinto que lo profesionalizamos con calidad los que tuvimos la oportunidad de hacerlo.”

Gustavo Niño Mendoza. Foto Cortesía: Carlos Rosales. Cadena Melodía.

 

G.P.: ¿En donde considera comenzó su carrera como locutor profesional?

G.N.M.: Yo diría que desde el momento en que me dieron la oportunidad en “Radio Única” inclusive gratis. Pero mí recorrido en profundidad como profesional fue en Caracol Radio. Empresa a la que indudablemente le guardo los mis más bellos afectos. Aunque ha cambiado mucho esa empresa la sigo amando porque tiene el nombre de Caracol. Fue en donde me proyectaron, donde fui figura, en donde creyeron en mi talento como locutor hasta llegar a ser el mejor en las noticias de Caracol, eso para mí es muy importante y  por medio de ellos trabajé con grandes empresas de la publicidad colombiana e internacional.

En RCN, en donde -fui víctima de matoneo profesional- por parte de un par de personajes que no vale la pena mencionarlos. Luego pasé a “Cadena Melodía” en donde trabajé siete años muy bien tratado por la familia Páez Espitia y Páez Mejía.  Para Melodía tengo los mejores agradecimientos y los mejores sentimientos. Mis mejores deseos para todos ellos siempre.  Ahora disfruto de mi pensión más que merecida después de más de 40 años de trabajar en los medios y afortunadamente todavía hay mucha gente que cree en mí y sigo vigente.

 

G.P.: ¿Cuál de las dos prefiere, la radio o la televisión?

G.N.M.: Me quedo con radio porque llega más fácil al oyente. La televisión tienes que sentarte a verla. La radio la oyes en el baño, en el comedor, en el carro y para mí la radio fue el éxito.

En la televisión fui el presentador del noticiero Promec entre 1984 y 1988. También estuve hasta el 86 y medio también con Colombiana de Televisión como presentador de los doctores Abelardo Forero Benavidez y Ramón de Zubiría en su gran programa que se llamaba “Pasado en Presente”.

 

G.P.: ¿Maestro hay algún secreto para aprender a narrar noticias?

G.N.M.: Hombre yo no sé si hay secreto. Te voy a comentar una anécdota simpatiquísima. En primero de primaria me gané un diploma como el mejor niño en lectura en ese año. Te estoy hablando de 1961. En ese entonces leíamos la Cartilla Charry, La Alegría de Leer, La novela Corazón, etc. Pienso que para ser un buen lector de noticias es respetar el idioma, los signos de puntuación que se crearon, tuve la felicidad de que los periodistas que escribieron las noticias que yo leía eran unos excelentes redactores. Cuando al periodista se le va un error ortográfico o de puntuación es tener el dominio de saber donde van los signos para interpretar la noticia, interpretar las voces con las palabras exactas que pronunció el personaje que está creando la noticia. Se hace otro acento para interpretar al que dijo textualmente esas palabras.

 

G.P.: ¿Y que fue lo que pasó cuando alguna vez el periodista Yamid Amat lo regañó?

G.N.M.: Yo llegué a Caracol para suplir unas vacaciones a Armando Osorio Herrera, locutor del noticiero Ultima Hora de Caracol que se hizo por 40 años. El me recomendó con Yamid Amat. Yo estaba recién llegado a Bogotá y obviamente imagínate la angustia mía de llegar a leer el noticiero más importante de la radio en Colombia en esa época en 1977.

Yo leía las noticias y si tuve algunos errores. Yamid me llamó y me “jaló las orejas”. Me dijo que quién me había dicho que yo era locutor. A lo que le respondí: “Yo me siento locutor y si usted no cree que soy locutor pues entonces con su permiso”. Es más, el estaba esperando que yo fuera al mediodía a leer el noticiero y yo no fui porque él puso en duda mi trabajo como locutor. Me sentí ofendido indudablemente.

Curiosamente cuando yo entré a leer noticias en forma en Caracol fue por él. Yo me gané el premio Antena de la Consagración en 1980 y el estaba en esa reunión. Me llamó a su mesa y me felicitó y yo le recordé lo que había pasado años atrás. El me dijo no acordarse de esa historia y posteriormente me llamó en los primeros meses de 1981 para que fuera a leer las noticias de la noche. Había un bloque de noticias en Caracol muy importante que se llamaba el Reportero Caracol y allí trabajé por largo tiempo en segmentos que comenzaban desde las nueve de la noche hasta las  12: 30 pm leyendo las Cien Noticias de Caracol.

 

G.P.: ¿Cuál ha sido su premio más significativo?

G.N.M.: Yo recibí varios premios muy importantes como el “Micrófono de Oro” del Colegio Superior de Telecomunicaciones “Antena de la Consagración” como mejor locutor de radio. Y otros que en este instante no los asimilo.

 

G.P.: ¿Y cuál es la clave para triunfar en la locución comercial?

G.N.M.: Tener ese instinto de locutor. Interpretar el mensaje que se quiere decir. No es lo mismo anunciar una funeraria que anunciar el último modelo de un Mercedes-Benz. Cada cosa tiene su interpretación propia. Ponerle el tono  o línea que necesita cada mensaje.

 

G.P.: ¿Porque se considera mal improvisador?

G.N.M.: Soy un pésimo improvisador pero en cambio soy muy buen escritor. Escribo muy bien mis cosas. Pero si yo dijera eso improvisado, seguramente que no saldría con nada.

 

G.P.: ¿También le gusta la poesía?

G.N.M.: Así es. Son muchos los poemas que he interpretado. Hay un poema muy lindo que le conocí a mi padre que se llama “Tus Ojos”.

 

G.P.: ¿Qué opina de las redes sociales?

G.N.M.: Yo la única red social que utilizo es Facebook. Twitter la utilicé muy poco pero dejé de usarla porque muy honestamente yo para las redes sociales soy un negado. Facebook la utilizo porque me parece la más elemental y en la que comparto con mis amigos.

 

G.P.: ¿De acuerdo a ese slogan que a usted tanto se le escuchó, Caracol sigue siendo más compañía?  

G.N.M.: Pues hombre lamentablemente no. Yo no creo que Caracol siga siendo la gran compañía y la más compañía.  Hay muchas más hoy en día que son más compañía. Hace unos  12 años que yo no laboro en Caracol y pienso que en estos años se han creado grandes cosas en la radio que hay que respetar y que también son más compañía y gran compañía. Hablo por ejemplo de Blu, a mi me encanta, allí hay un periodista a quién admiro que se llama Felipe Zuleta Arias. No estoy muy de acuerdo con su director de noticias.

Me da lástima que haya desaparecido Todelar.

 

G.P.: ¿Cuál ha sido el efecto de PRISA ESPAÑOLA en Caracol?

G.N.M.: Caracol no se ha podido acabar porque es muy poderosa pero si se ha mermado. Caracol está siendo manejada por gente que no tiene idea de radio. Nombran presidentes, directivos, que son unos inútiles para dirigir. Los muchos buenos que tenia Caracol ya están en otros medios o están retirados del asunto.

 

G.P.: ¿Era más fácil progresar y ser reconocido como profesional en su época que en la actual?

Si. Indudablemente era más fácil porque la radio era muy importante. La radio no estaba manejada por tanto langaruto ni tanto estúpido. Era más fácil porque se creía en el talento de la gente.

 

G.P.: ¿Le quedó faltando algo para hacer en radio?

Sinceramente yo creo que en lo que me correspondió a mi época lo hice todo. En los deportes no tuve participación. Pero en la locución comercial, noticiosa y audiovisual empresarial lo cumplí a cabalidad.

 

G.P.: ¿Cómo se siente en estos momentos de su vida?

G.N.M.: A mi edad me siento muy feliz por tener una familia muy querida. Hijos inteligentes, sanos, respetuosos de la vida y del hogar. Con una excelente relación familiar.

Le agradezco a Dios que me dió la oportunidad de vivir a través de unos ejemplares padres y que me dieron una educación linda y digna de lo que he logrado a través de todos los años de mi vida. Todo lo que hoy soy se lo debo a Dios y a mis padres.

 

G.P.: Gracias Maestro

G.N.M.: A ti, muy amable por tenerme en cuenta.

Gustavo Niño Mendoza con tres de sus hijos. De izquierda a derecha: Luis Alonso, Monica Sofía, Gustavo Alberto y Gustavo Niño Mendoza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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