Yo también voté por Santos

Por: Germán Posada
Germanposada77@gmail.com

german gafas 4 (2)
Desde que he ejercido mi derecho al voto también cumplí con lo que en su momento sentí era mi compromiso con mi país como colombiano viviendo en el exterior.
Un domingo antes del mediodía me alisté para dirigirme hacia el Consulado colombiano en la ciudad de Montreal y allí con muchos otros colombianos deposité también mi voto de confianza en alguien que para el momento prometía ser la mejor opción como presidente de Colombia.
Yo también formé parte de esos colombianos que sumamos más de 9 millones de compatriotas que ayudamos para que esta elección fuera histórica, porque según las estadisticas ha sido la votación más alta en la historia electoral de nuestro país.
Las plataformas electorales son muy bien utilizadas y la de “JuanPa” como así lo llamó la popular abuela Ana Mercedes Plata (“Mechas”) no fue la excepción. Había sido el Ministro de Defensa que apoyaba las políticas populistas de uno de los mandatos presidenciales más largo, polémico y arbitrario en la historia política del “país más feliz del mundo”, yo aún no sé quien se lo inventó pero así lo han catalogado. Y digo que no fue una excepción porque su antecesor gozaba también del respaldo de una buena parte de la sociedad colombiana que también creyó encontrar con Uribe la vía de la solución nacional y que confiaba plenamente en que lo único que hacía falta era más tiempo de mandato para llevar a Colombia a la tan anhelada paz.
Más tiempo para que de pronto un Santo-s… hiciera el milagro.
En realidad uno no vota esperanzado en que las promesas demagógicas que se hicieron en campaña se vayan a cumplir al pie de la letra -pero creo que si votamos con el anhelo en que las cosas no desmejoren- y en el peor de los casos para que no se añadan más dificultades a los problemas.
Ese domingo yo no voté para que tantos colombianos siguieran viviendo en la miseria, para que los campesinos siguieran siendo desplazados de sus tierras porque había que construir represas en nombre del desarrollo, para que el costo de la vida aumentara sin piedad y el salario mínimo siguiera siendo de limosna, para que la paz fuera negociada pensando más en conquistas personales y no en el bienestar de todos los colombianos, para que las inversiones en educación y en salud pasaran a manos de terceros y se convirtieran sólo en fantasmas, para que las reformas tributarias siguieran sufriendo transformaciones que sólo perjudicaran la estabilidad de un país, para que patrimonios importantes fueran vendidos al mejor postor, pero menos para entregarle un país entero a un puñado de lobos disfrazados de mansas ovejas.
Creo que esta vez no funcionó aquel popular refrán que dice: “Más vale viejo conocido que nuevo por conocer”. La verdad -no sé si un nuevo por conocer- hubiera dado un mejor resultado. La duda me asalta porque desde la reelección ya no podía cometer el mismo error una segunda vez.
A estas alturas del camino solo puedo admitir que yo también voté por Santos y es por eso que acepto que yo también me equivoqué.

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