Incendio en el barrio

Mauricio Vargas

Mauricio Vargas

“Ojalá en Colombia, no estemos a las puertas de una aventura populista que nos empuje al abismo”.

 

Por:
Mauricio Vargas.

 

Hay un incendio en el barrio, y ya se extiende a varios países. Sin saber qué pasará hoy en las elecciones de Venezuela, es evidente que la catastrófica situación política, social y económica en que el chavismo hundió al vecino no se resolverá fácil. Aterra que venga una oleada de violencia ante la resistencia gansteril del incompetente Nicolás Maduro y del mafioso Diosdado Cabello a perder el poder.
Diecisiete años de populismo en medio de una descomunal bonanza petrolera solo sirvieron para que el Gobierno dilapidara unos 500.000 millones de dólares. Con la mitad de esos dineros, el régimen les habría dado vivienda a todas las familias pobres de Venezuela. Con la otra mitad, habría podido impulsar industrias y modernizar el agro para acabar con el desempleo y, de paso, reducir la dependencia petrolera. Que semejante cantidad se haya esfumado en manos de Hugo Chávez, Maduro, Cabello y los consentidos del régimen es un crimen de lesa humanidad que se suma a la descarada represión contra la oposición y a la vinculación del régimen con el narcotráfico.
El mismo modelo de rampante ineptitud, robo continuado y caudillismo, aplicado por Néstor y Cristina Kirchner durante doce años en Argentina, y que en buena hora terminó por la vía electoral el 22 de noviembre, deja en coma a la otrora potencia del sur.

 

Al igual que en Venezuela, mientras los pobres se hicieron más pobres, las familias gobernantes se enriquecieron. La fortuna de las hijas de Hugo Chávez es calculada en decenas de millones de dólares. La de Cabello, en cientos de millones. En cuanto a los Kirchner, en estos doce años su fortuna creció 900 por ciento.

 
Populismo y corrupción son también los ingredientes de la crisis de Brasil. Entre el 2003 y el 2011, Lula da Silva gobernó a ese gigante con cierto rigor económico y aprovechó el boom exportador para sacar de la pobreza a millones de brasileros. Pero su sucesora, Dilma Rousseff, cedió a las políticas de desmedido gasto público y, ahora que cayeron los precios de las exportaciones, el emperador quedó en calzoncillos. La inflación ya llega al 10 por ciento y la recesión se agrava tras caer el PIB 4,5 por ciento en el tercer trimestre del año.

 
Un gigantesco escándalo de corrupción involucra al Partido de los Trabajadores, de Lula y Dilma. Varios de sus líderes y aliados son procesados penalmente por recibir coimas de las empresas contratistas de Petrobras. Eso y la economía tienen a la Presidenta hundida en una favorabilidad de apenas 10 por ciento. Acusada de ocultar el déficit fiscal en el año en que ganó la reelección, Rousseff puede ser procesada por el Congreso. Y aunque es difícil que haya votos para destituirla, el eventual juicio paralizará al Gobierno, justo cuando urge aprobar reformas económicas para evitar la quiebra del país.
Otros gobiernos de izquierda la pasan mal.

 

La tacita de plata que era Chile no brilla como antes. Al frenazo económico se suma el desprestigio de la presidenta Michelle Bachelet (28 por ciento de favorabilidad, y cayendo) y de casi toda la clase política, por corrupción relacionada con financiación ilegal de campañas. Y el ecuatoriano Rafael Correa, que parecía blindado porque resultó mejor administrador que sus pares, sufre por la caída del precio del petróleo. Se acaba de animar a una nueva reelección, en un acto que desdice de su inteligencia.

 
La corrupción no es exclusiva de la izquierda. El centro y la derecha han dado indignantes ejemplos de saqueo, que han abierto las puertas a las aventuras populistas estilo Chávez. La derecha ha robado a nombre de la libertad económica y la izquierda, a nombre del pueblo. Ojalá en Colombia, donde los gobiernos de centroderecha han dejado avanzar mucho la corrupción, no estemos a las puertas de una aventura populista que nos empuje al abismo en que cayeron varios vecinos.

 
Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com

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