Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

Armando Caicedo: “Escribir es Música”

Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

Definitivamente las redes sociales se han convertido en un excelente lazo para conocer muchas personas, y mejor aún, llegar a algunas que son bastante interesantes. Tal es el caso del periodista Armando Caicedo a quien en un principio –y valga el comentario- confundí con otra persona y solo hasta cuando me enteré de su éxito obtenido con su novela “Concierto para Delinquir”, pude enterarme de quién se trataba. Esta novela recibió excelentes críticas y fue recomendada por unanimidad por el jurado del “Primer Premio Internacional de Novela Kipus” en Bolivia..

Armando Caicedo es un periodista y escritor colombiano que hace ya un buen tiempo se radicó en Estados Unidos, al Sur de la Florida, en donde se ha dedicado a escribir continuamente. Profesionalmente en Colombia representó al país en el exterior ante una importante cantidad de medios y organizaciones de comunicación como la United Press International Television News  y durante su permanencia en el país del “Tio Sam”, ha sido galardonado en tres ocasiones con el Premio José Martí otorgado por la –National Association of Hispanic Publications-, reconociendo sus méritos a su trabajo como editorialista gráfico en El Tiempo Latino, el semanario en español de The Washington Post.

Indagando y queriendo conocer un poco más de su vida me propuse entrevistarlo y de este propósito salió esta conversación que hoy con el mayor de los gustos se las comparto.

 

Por Germán Posada

G.P.: ¿Qué lo obligó a salir de Colombia?

A.C.: Mi exilio está asociado con las amenazas que recibí en Colombia por mi actividad profesional y por la penosa indiferencia del Estado a brindar la seguridad que todo ciudadano tiene derecho. Trabajaba por entonces, como asesor de Telecom por la época en que la Ley le terminó a dicha empresa más de medio siglo de monopolio en el sector de las telecomunicaciones. Los sindicatos se alzaron y en medio de ese ambiente de confrontación llovieron amenazas contra mi. Luego de múltiples amenazas y dos intentos de secuestro debí abandonar a Colombia en 1999.

G.P.: ¿Qué piensa del exilio?

A.C.: Si sales a los quince años es muy diferente que a los cincuenta. Todo es traumático. Lo primero que descubres es que en tu país eres una persona de primera y en el nuevo destino una persona de quinta. Sientes vivo el virus del racismo, sientes la discriminación y debes reconocer que todos tus títulos, experiencia y reconocimientos obtenidos, no sirven para nada. Lo más grave es que no ves otras opciones -durante un largo tiempo- para echar reversa.
Te obligas a reinventarte en el país a donde llegas. Luego de realizar un juicioso análisis de toda mi experiencia como profesor universitario, decano de facultad, estudios en producción de televisión realizados en España y en EE.UU, asesor creativo para el periódico El Tiempo y diez etcéteras más, concluyes el gran balance de lo que has hecho en tu vida y llegas a la conclusión de que nada de eso te sirve en tu nuevo destino porque tenemos acento con el idioma, porque hay que certificar lo que hemos hecho, porque tenemos que conseguir los diplomas que no trajimos, vale decir, hay que empezar desde abajo.

En Colombia yo construí un nombre y una profesión y disfrutaba de los consecuentes privilegios. Un cambio tan drástico en tu vida te obliga a reinventarte. En ese nuevo ambiente, extraño y retador, también nacen las oportunidades.

Foto cortesía: Armando Caicedo

Foto cortesía: Armando Caicedo

G.P.: ¿Qué le significó el reconocimiento por parte de la Revista “Time” como uno de los más destacados creativos de América Latina?

A.C.: Esto fue en 1989 y el reconocimiento está relacionado con un concurso que organizó la Revista Time entre todos los directores creativos de agencias de publicidad de Latinoamérica para rendirle un tributo a nuestro planeta. Ese año la revista rompió su tradición de seleccionar al “Hombre del año” y decidió declarar a la Tierra como “El Personaje del Año”. La propuesta gráfica que presenté fue finalista por encima de reconocidos creativos de Brasil, Chile, México y Argentina, y esto para mí fue un gran honor. Mi trabajo fue publicado en una de las ediciones de la revista Time de ese año.

G.P.: ¿En sus opiniones que es lo que más critica en materia política?

A.C.: Yo tengo convicciones liberales. Lo que está ocurriendo como fenómeno mundial es una desnaturalización de la política. La gente, en todas las latitudes perdió la fe en su clase política.

En Estados Unidos es de tal magnitud la pérdida de confianza del público en su clase política que durante tres años consecutivos el Congreso ha tenido las peores calificaciones sobre su desempeño legislativo. Pero este fenómeno no es sólo americano. Desde China hasta España y desde Argentina hasta Colombia, es evidente la pérdida de fe y de confianza en la democracia representativa.

En el juego doctrinario que se vive en Estados Unidos, es tal la irresponsabilidad, que la bancada republicana del Congreso prefiere que se colapse la Nación, antes que dejar que “el negro de la Casa Blanca” vaya a tener éxito en su gestión como presidente.

Cuando uno analiza la política en Colombia, ve que es exactamente igual, con unos niveles de polarización política de la sociedad como nunca antes se habían visto.

G.P.: Usted opina que la participación del Inmigrante en la política es muy importante. ¿Por qué?

A.C.: El problema es que siempre el gran triunfador en unas elecciones es la abstención y ese sí es el cáncer de cualquier democracia. Es la indiferencia absoluta y esto a lo que lleva es que una minoría elija a otra minoría para que asuma el poder de mandar sobre toda la sociedad.
El inmigrante tiene primero que comprender el modelo político del país donde vive, y lo segundo, comprender que si no participa en política, siempre será tratado como un recién llegado indeseable.

A los inmigrantes se les debe estimular la vocación de poder, para que no se conformen con asumir la actitud de subalternos del sistema.
Nadie los va a respetar, porque en estos países se admira y se respeta a quienes demuestren poder, a quienes tenga éxito económico, a quienes demuestren organización y un propósito claro de aprovechar las ventajas del sistema.
De resto, no hay mucho juego, porque a las personas se les juzga más con la lente de los prejuicios que con los juicios. Si alguien tiene cara de latino, color café con leche y no habla inglés o lo habla con acento, inmediatamente proyectará una imagen que quizás no corresponda a quién “realmente” es esa persona.

G.P.: ¿”A que huele el Humor”?

Foto Cortesía: Armando Caicedo

Foto Cortesía: Armando Caicedo

A.C.: Yo llevo quince años viviendo del humor , cuando hago literatura no puedo desprenderme de ese “San Benito” que adopté aquí en Estados Unidos. Yo era muy serio en Colombia. Pero cuando llegué aquí me convertí en un tipo iconoclasta porque cuando uno pierde muchas cosas empieza a comprender que la vida es una sátira, llena de gente importante, llena de protocolos, venias y genuflexiones, pero al final del partido, todos somos igual de imperfectos, como seres humanos.

El humor es absolutamente necesario en la vida personal y en la vida de la sociedad. En las grandes obras de Literatura el humor está latente desde Cervantes hasta Shakespeare. García Márquez tiene un humor finísimo, y también Vargas Llosa. El humor es la más sana vía de escape de una sociedad asfixiante.

“A qué huele el Humor” es una recopilación de cincuenta historias divertidas sobre sexo. Hacen parte de las más de 750 columnas sobre sátira que he escrito en Estados Unidos. Todas las semanas tengo que cumplir el sagrado deber de escribir “Mi Columna Vertebral”, una columna de 500 palabras donde trato con sarcasmo y humor temas de la vida cotidiana, política, inmigración, el papel del sexo femenino en el nuevo orden social, etc.

G.P.: ¿Cuál es la historia de su novela “Concierto para Delinquir”?

A.C.: Es una aventura fantástica que protagonizan un par de locos exiliados. Aunque la novela tiene como escenario a Puerto Galeón, una pintoresca ciudad fortificada en el Caribe, la novela comienza en el París de los años 30’s. Uno de los personajes es uruguayo y el otro español. Ambos, deciden fundar en París “su república de la Utopía en el exilio”. Una noche, en estado de ebriedad redactan su constitución y se declaran república independiente. Como carecen de una “bandera nacional” acuerdan utilizar, de manera temporal, la bandera de Uruguay, y con la ayuda de un salsero cubano, también exiliado componen el himno de su república. El día que se separan se comprometen a que su república seguirá vigente y juran prestarse ayuda mutua en caso de necesidad.
La novela alcanza su momento culminante, cuando los dos viejos amigos se vuelven a encontrar, al otro lado del océano, en Puerto Galeón.

G.P.: Miguel Sánchez-Ostiz, uno de los jurados dijo que la novela era verdaderamente loca. ¿Por qué?

A.C.: El hace referencia a que el par de tipos son rebeldes y locos iconoclastas, ellos hacen lo que se les da la gana, tratan en lo posible de no aceptar las reglas que les da la sociedad, son irrespetuosos, pero, a la par son muy inteligentes y preparados intelectualmente.

Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

G.P.: Al parecer usted ha sido muy apático para participar en concursos. ¿Por qué participo en el “Primer Premio Internacional de Novela Kipus”?

A.C.: Pienso que absolutamente todos los concursos literarios, tienen un premio ya establecido. Yo le tengo alergia a esto, me parece que un jurado de solo tres personas para juzgar cien novelas no tiene seriedad.

Participé porque se trató de un “primer concurso de novela internacional” y porque la convocatoria que se hacía era para escritores inmigrantes en lengua castellana, de manera coincidencial, el tema de mi novela era sobre dos inmigrantes y me pareció que por el tema, era propicio participar.

Además como el mundo editorial es tan complejo esta novela ya cumplía dos años en una editorial y pese a que tenía excelentes críticas de los comités de lectoría no se movía

G.P.: ¿Ya se está comercializando?

A.C.: La comercialización es un proceso larguísimo. Escribir una novela es una tarea difícil, se demora entre tres y cuatro años para terminarla y corregirla y ajustarla muchos meses. Luego viene la propuesta editorial en donde las novelas mueren de tedio entre los cajones de los editores.
Ahora se ha abierto el nuevo camino de la autoedición, que es una suerte de redención para los autores.
La autoedición es un camino interesante. Mi primera novela “Viva el Obispo ¡Carajo!”, fue un éxito extraordinario. Ahora estoy en gestiones con una editorial para la segunda edición y el lanzamiento de la versión en e-book.

G.P.: ¿Cómo define a nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez?

A.C.: Escribir es música y Gabriel García Márquez es un prodigio musical.
Volver a leer una obra de este autor es fascinante, porque uno redescubre las razones por las que hace veinticinco años quedamos fascinados con el libro. Releer un libro de García Márquez le da a uno esa sensación de retornar a un sitio que ya conoció, donde la sinfonía de los textos de una factura impecable, me maravillan. García Márquez escribe como produciendo cine, por escenas de una sintaxis impecable.

Para mí su mejor obra es “El Amor en los Tiempos del Cólera”.

G.P.: Si me lo permite… ¿Como está su salud?

A.C.: Muy bien. Yo siempre he dicho que soy un sobreviviente de un infarto, de un cáncer, dos hijos, un nieto y cuatro libros, entre ellos tres novelas.

Las novedades en la salud, te cambian la perspectiva que tienes sobre la vida y la relación entre tiempo, espacio, generación, oportunidad.

Yo le agradezco a Dios porque al final de cuentas he sido un sobreviviente de graves episodios de salud. Por encima de la ciencia y la tecnología uno reconoce que hay algo divino en todos estos resultados.

Hace un año me diagnosticaron con un tumor canceroso. Gracias a Dios superé este largo episodio de cirugías y quimioterapia.
Tres días antes de la noticia del resultado exitoso de mi novela me confirmaron que había superado el proceso de cáncer y eso me llenó mucho de alegría, pues fueron dos noticias muy halagadoras en el término de apenas tres días. Mientras Dios lo permita, seguiré pedaleando, porque la vida es un continuo pedaleo, cuando dejas de pedalear, te das un porrazo.

G.P.: ¿Y para Colombia, que palabras tiene?

A.C.: Colombia es una nación privilegiada, está ubicada en la mejor esquina de América, es una nación centroamericana, suramericana, una nación del Caribe, es una nación amazónica, una nación de la Cuenca del Pacifico, es una nación que es el punto del paso obligado del hemisferio de Suramérica hacia el Norte y encima de eso es uno de los 16 países ecuatoriales de la Tierra ecuatorial, y, como sí eso fuera poco nos bañan dos océanos. Pero aquí viene la gran paradoja.

Colombia se parece al Chocó. El Chocó es el único Departamento colombiano que tiene costas en el Atlántico y en el Pacifico y es el más pobre de todos.

Colombia tiene todos los pisos térmicos y tiene las tres cosechas en el año en todos los productos que se quiera pero… ¡Ay Dios mío!… estamos con un problema que yo creo que es cultural, y es que no sabemos apreciar lo que tenemos. En Colombia no nos tenemos que esforzar como es el caso de otras naciones, porque todo se nos da con una generosidad arrolladora. Como si fuera necesario compensar, lo manejamos todo con derroche de irresponsabilidad como si todo eso nos lo mereciéramos.

La clase dirigente y política colombiana constituyen un grupo de egoístas asimétricos con su responsabilidad de potenciar un futuro maravilloso para todos los colombianos.

Constituimos en Colombia el reino de la procastinación, todo lo aplazamos y lo dejamos para más tarde. Por esa razón, opino que las dos frases que más han atrasado a Colombia son: “Tranquilo hermano, estamos trabajando en eso” y “Tranquilo hermano, eso sale de aquí a mañana”.

Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

Armando Caicedo. Foto Cortesía: Armando Caicedo.

 

 

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